Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

Ante el espejo de un año

Llega fin de año y el país se sumerge en la siesta estival, ya adelantada por los calores de estos días.

La hoja del calendario no se pasa este año como mera rutina: el viento político de la región ha cambiado y tanto el rotundo resultado de Venezuela como el triunfo de Macri, le ponen punto final a una experiencia populista que ha comenzado su agonía; el viento económico tampoco sopla como en la década gloriosa de 2003 a 2012, porque los precios internacionales de nuestros productos han bajado, no a niveles de ruina pero lejos, por cierto, de la bonanza de aquellos años; el gobierno frentista ha tenido que lidiar con su propia herencia, la ya lejana del primer gobierno Vázquez (que le dio al retrógrado sindicalismo de la educación el poder inmenso del que hoy abusa) y la mucho más cercana del gobierno Mujica, en la que brilla la fractura expuesta de Ancap

La proclamada capitalización de Ancap asombra al país. Hablar de cifras de esa magnitud (800 millones de dólares)

Llega fin de año y el país se sumerge en la siesta estival, ya adelantada por los calores de estos días.

La hoja del calendario no se pasa este año como mera rutina: el viento político de la región ha cambiado y tanto el rotundo resultado de Venezuela como el triunfo de Macri, le ponen punto final a una experiencia populista que ha comenzado su agonía; el viento económico tampoco sopla como en la década gloriosa de 2003 a 2012, porque los precios internacionales de nuestros productos han bajado, no a niveles de ruina pero lejos, por cierto, de la bonanza de aquellos años; el gobierno frentista ha tenido que lidiar con su propia herencia, la ya lejana del primer gobierno Vázquez (que le dio al retrógrado sindicalismo de la educación el poder inmenso del que hoy abusa) y la mucho más cercana del gobierno Mujica, en la que brilla la fractura expuesta de Ancap

La proclamada capitalización de Ancap asombra al país. Hablar de cifras de esa magnitud (800 millones de dólares) nos lleva a preguntarnos qué sentido tiene si no se anuncian ya las medidas imprescindibles para no seguir perdiendo. Ninguna es simpática, por cierto, pero cortar el tumor suele ser tan doloroso como imprescindible. Con el petróleo en baja, a nadie se le ocurre pensar que el combustible pueda aumentar su precio; a la inversa, las tarifas se han mantenido en valores superiores a la realidad actual. El tema está, entonces, en la administración. No se puede seguir perdiendo con el cemento, no se puede seguir tirando el dinero en un biocombustible artificial, no se puede aumentarle al personal del ente el doble que al resto. Ancap estuvo fuera de control y ahora hay que recortar el exceso.

Aquí las dudas se plantean de la misma manera que en todas las cuestiones que, desde el inicio del gobierno, le han hecho andar y desandar caminos, desde los resonantes retrocesos en la esencialidad del servicio educativo, la construcción del Antel Arena o el retiro del TISA. ¿Por dónde cortará, sin que sea acusado de privatizar servicios u otro estigma análogo?

La cuestión ha puesto de relieve la diferencia de pensamiento de los dos grandes espacios del Frente Amplio, los que con todos los matices del caso se alinean por un lado en torno al Presidente y su Ministro de Economía o al ex Presidente con la conducción sindical. Son dos universos mentales. La cabeza de Astori está muy lejos de la de Mujica y allí está el nudo que ahora el FA no puede ni podrá desatar. No es lo mismo ser comunista que demócrata cristiano, marxista que socialdemócrata; no es lo mismo asumir la economía de mercado que seguir soñando con la destrucción de la economía capitalista; no es posible seguir diciéndose demócrata y sostener totalitarismos como el cubano o autoritarismos fascistoides como el venezolano; no es compatible la economía globalizada con una educación sin calidad y un país del “más o menos”.

El tema no es una anécdota. El episodio de Ancap, que luce tan desprolijo como el de Pluna, posee una mayor resonancia porque es una empresa fundamental en la vida del país, su tamaño no habilita parches y si el Estado no logra cortar esta sangría, quedará sin posibilidades de manejar las demás variables de la economía. Nada más ni nada menos. Si el Estado no puede racionalizar Ancap en el primer año de un gobierno, ¿qué quedará para el resto del período?

Las empresas del Estado pasan por su peor momento. El agua de OSE prosigue deshonrando su tradición con una bajísima calidad y Antel seguirá construyendo su monumental estadio, como si no pasara nada. Mientras tanto, comienza Alas-U su navegación aérea y todo indica que otra bomba de succión comienza a operar. Sin olvidar que el gigantismo de la famosa “regasificadora” seguirá pasando facturas a un Estado hundido en la perplejidad y que ya no sabe qué hacer con esa herencia del gobierno anterior.

La diversidad ideológica que el FA logró soslayar en los primero y segundo períodos de gobierno, cada día se le hace más difícil de manejar en el tercero. Quizás en la educación es donde con más evidencia se exhibe esa incoherencia, que le costó el cargo a los técnicos que se habían designado con la idea de comenzar -aun con timidez- un proceso de reformas que sacara el sistema de esta rutina empobrecedora en que se ha empantanado en los últimos diez años. El rechazo a la negociación del TISA se corresponde con esa mentalidad que aún niega la economía global, como si esta no fuera un hecho, agradable o no pero insoslayable. El gobierno no ha podido avanzar en esos temas cruciales y si ello ha ocurrido en el comienzo de su gestión, menos podrá más tarde. El bienvenido recuerdo del General Seregni, hasta ahora olvidado, parece ser un intento de refrescar el espíritu de la coalición. No será por ese camino que se logre: el mensaje del fundador del Frente Amplio es de moderación y las tensiones internas operan en la dirección contraria, en un trasnochado reclamo de más socialismo.

El FA termina este primer año de gobierno enfrentado a todas sus contradicciones. El espejo le devuelve un rostro deformado. Ya no es suficiente el maquillaje que hasta ahora ha escondido las grietas. El problema no es el Presidente o tal o cual Ministro; es el FA todo, que empieza a agotarse, como se agotaron sus primos hermanos de los países vecinos.

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