Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

Debates de fin de invierno

Malhumorado y avergonzado por el debate sobre el Vicepresidente, el Frente Amplio, estratega experto en disuasiones y cortinas de humo, lanzó -una vez más- la polémica propuesta de voto consular. No le alcanzó con lo mal que le fue en el plebiscito anexo a la elección de 2009, en que el Frente Amplio obtuvo, para la elección presidencial del Sr. Mujica, un 47,9% y solo llegó a 37% para la enmienda constitucional que proponía el voto en el exterior.

Malhumorado y avergonzado por el debate sobre el Vicepresidente, el Frente Amplio, estratega experto en disuasiones y cortinas de humo, lanzó -una vez más- la polémica propuesta de voto consular. No le alcanzó con lo mal que le fue en el plebiscito anexo a la elección de 2009, en que el Frente Amplio obtuvo, para la elección presidencial del Sr. Mujica, un 47,9% y solo llegó a 37% para la enmienda constitucional que proponía el voto en el exterior.

Las razones políticas se acumulan: en los países que se vota en el exterior, invariablemente los resultados de afuera son diferentes a los emitidos en su interior. Los ejemplos abundan. Humala entró tercero en Argentina y triunfó en Perú. Berlusconi ganaba en Italia y perdía en el exterior. De este modo se introduce una distorsión política, pues no se vota con el conocimiento y la vivencia de la situación nacional.

Añadamos que ese voto carece de un valor ético democrático: quien vota desde afuera no asume las consecuencias de su voto. A la distancia, resuelve el futuro de quienes aquí estamos. La invocada igualdad de derechos se da para situaciones iguales cuando en el caso estamos ante situaciones radicalmente desiguales. A todo lo cual se añade la claridad constitucional, que define a nuestra República como la asociación política de “todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio”. Concepto que reafirma más tarde al considerar ciudadano natural al hijo de padre o madre uruguaya nacido en el extranjero, solamente cuando se “avecine” en el país. O, a la inversa, un residente con diez años de permanencia, puede votar aunque no sea ciudadano. Más claro, echarle agua: hay que estar en el “territorio”.

*****

El Frente Amplio se ha hundido en el mar de los sargazos de un dilema ético profundo, que no logra resolver. No es la primera vez que le ocurre, pero ahora se trata nada más ni nada menos que del Vicepresidente de la República y hay quien llega a decir que, como aún no hay delito probado, no hay juicio posible. En el curso elemental de educación cívica de Secundaria se distinguía claramente entre los ámbitos del derecho, establecido en la ley, y el de la moral, regido por los valores reconocidos por la sociedad. O sea que el decoro de la conducta, las reglas éticas del comportamiento, la necesaria ejemplaridad de ocupar una magistratura, en el criterio de figuras tan importantes como el ex Rector de la Universidad, no importan. ¿Mentir no hiere la moral pública? Invocar un título profesional que no se posee, ¿da lo mismo? Decir públicamente un senador que “vio” un título inexistente ¿no merece ni un comentario? ¿Pagar el doble de precio por un remolcador que nunca funcionó es algo aceptable, sea o no delito? No rendir cuenta de “gastos de representación” notoriamente aplicados fuera de su objetivo, ¿está bien? Perder 800 millones de dólares y decir que administró bien ¿es ético?

En la vida pública hay deberes que están más allá del Código Penal y que son los que prestigian o debilitan la fe en las instituciones. No nos gusta nada hacer leña del árbol caído, pero honestamente no podemos silenciar nuestro asombro ante la confusión que se vive en un partido de gobierno que habla todo el tiempo de renuncias inexistentes, posibles aceptaciones de lo que nadie ha ofrecido y hasta pronunciamientos éticos encerrados en cajas fuertes. En su tiempo se imaginó monopolista de la moral pública y hoy ya no sabe ni cómo comportarse.

*****

Mientras el Presidente de la República recibe a la Princesa de Jordania, Presidente de la Unión Internacional contra el Cáncer, que lo designa su Embajador (por la campaña contra el tabaco), sus funcionarios festejan que llegaron a 6.996 autocultivadores y 12.460 adquirentes registrados para comprar marihuana, droga que el propio señor Presidente considera cancerígena. Naturalmente, hay una ley que subordina la voluntad del gobierno. Sin embargo, tiene la obligación de informar al país de los comprobados daños de la adicción sobre la salud psíquica y física, especialmente en los jóvenes. La desinformación es sobrecogedora. De buena fe, la inmensa mayoría de los jóvenes la ven no solo como algo placentero sino una suerte de curalotodo.

La marihuana no está solamente reglada, está bendecida, con ignorancia de las investigaciones científicas que en el mundo entero han comprobado fehacientemente los daños sobre la memoria, la atención, las depresiones y la esquizofrenia. Su consumo ha aumentado notoriamente, como también el ámbito de acción del narcotráfico que hoy se especializa en un amplísimo espectro de drogas sintéticas.

Nadie ignora los males de exceso del alcohol y el control automovilístico mantiene un alerta constante. Nadie desconoce tampoco los daños del tabaco. La nueva adicción al cannabis es totalmente soslayada en sus consecuencias. A esta altura y por ahora, ya no discutimos sobre legalizaciones o prohibiciones. Lo alarmante es la desinformación sobre el daño a la salud. Ni se habla del tema, mientras esperamos a mañana lunes para ver si en el anunciado ciclón tiene razón Cisneros o Ramis…

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)