Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

Ahora, la coalición

Pasado el ruido de las internas, abierto el período de la elección de los candidatos a vicepresidente, vuelve al primer plano de las preocupaciones el tema de la eventual coalición de gobierno de la actual oposición.

Quienes pensamos que el país requiere un cambio urgente, sentimos -no sin angustia- que la oposición debe abocarse muy seriamente a construir una alternativa política creíble.

Es notorio que el Frente Amplio acusa debilidades que se acentúan día a día, con las crisis de empleo y seguridad pública como expresión detonante de una situación en decadencia. Ello se advierte no solamente en los magros resultados de las encuestas sino, también, en el poco entusiasmo mostrado en la elección interna, pese a que había competencia en las candidaturas. A lo que se añade el grotesco proceso de elección de la candidatura a Vice y la exhibición farses-ca de una reconciliación Cosse-Villar con una imagen de cafecito en un bar que respiraba falsedad (tanta falsedad como el título de psicóloga social). Todo lo cual ocurre en el contexto de una sensación generalizada de agotamiento en las ideas y hasta en el ánimo de un gobierno al que se le ve distante, como desprendido de la realidad.

No obstante lo dicho, el Frente Amplio posee una enorme organización clientelar, sustentada en un Estado del que ha hecho -y sigue haciendo- un uso abusivo. Los 70 mil cargos públicos que aumentó, más el llenado total de las vacantes producidas en los 14 años de gobierno, nos dicen que no menos de 150 mil empleados fueron designados por el oficialismo. Añadamos los beneficios del Mides, que hoy se usan maliciosamente como asunto en riesgo por la “amenaza” del cambio, y los cientos -sí, cientos- de oenegés y cooperativas constituidas ex profeso para prestar servicios al Estado, que configuran un masa enorme de personas dependientes de contratos a término.

Digamos también que para nadie es un misterio que la mayoría de los sindicatos está al servicio de la causa frentista y que si bien hoy no aparecen con prestigio en la opinión pública, siguen siendo una fuerte palanca movilizadora. Como ocurre notoriamente con algunas gremiales de docentes que agrupan a muchos de ellos y que no abandonan su actitud propagandística, pese a las inhibiciones éticas que les impone su condición.

Nunca el Frente Amplio ha tenido más difícil una elección. Pero no la dará por perdida y batallará basado en esas estructuras y en los remanentes ideológicos que aún subsisten en ciertos estratos de la opinión. Pronto veremos a esa maquinaria comenzar a rodar.

Cuando hace un año planteamos a los líderes nacionalistas la idea de un gobierno de coalición, la misma no estaba instalada en la opinión. En ese lapso se ha ido asumiendo, pero el cuadro político hoy es más complejo que entonces. Los dos partidos tradicionales lucen hoy revigorizados, pero el Partido Independiente -luego de una interna muy pobre- deberá hacer un enorme esfuerzo de recuperación; el Partido de la Gente mantiene sus aspiraciones y la novedad de Cabildo Abierto irrumpió con fuerza.

Es notorio que fuimos críticos de la idea de constituir estos dos últimos partidos, precisamente por su efecto sobre la gobernabilidad y dada la posibilidad de que sus planteos tuvieran espacio suficiente en las estructuras tradicionales. Poníamos el ejemplo de Europa, y en particular el de España, casi paralizada políticamente por la imposibilidad de acuerdos que antes comprendían solo a dos grandes partidos y hoy se dispersan en por lo menos cinco. Esa era nuestra opinión, que por cierto no suponía desconocer los valores personales de los Sres. Novick o Manini. El hecho es que aquella preocupación hoy es realidad y hay que asumirla.

El economista Ernesto Talvi, hoy nuestro esperanzador candidato a la Presidencia de la República, considera que solo los dos partidos tradicionales y el ya cuasitradicional Independiente, debieran ser los actores de ese diálogo, habida cuenta de que son los únicos que hoy poseen representación parlamentaria. Es un buen argumento, sin duda, pero pensamos desde siempre que en principio no debería excluirse a nadie, ante todo por aquel concepto de que “de todo excluido se hace un enemigo” que acuñara en el Siglo XVII un gran político español, Mateo de López Bravo. ¿Por qué poner enfrente a quienes en la elección interna han mostrado votos que sugieren que aquella representación es más que posible?

Es verdad que el general Manini ha formulado algunas declaraciones particularmente polémicas en el terreno de los principios, pero para eso -justamente- está el diálogo, que permite esclarecer.

La sustancia de ese compromiso de futura coalición debería basarse en cuatro o cinco grandes definiciones sobre los asuntos hoy prioritarios: la seguridad ciudadana, el empleo, el equilibrio macroeconómico y la educación. De no poder llegar a ese terreno de proyecto de coalición, a mi juicio fundamental para darle confianza a la ciudadanía, por lo menos debería asumirse un compromiso sobre un conjunto de medidas en esos asuntos.

No basta con esperar que las debilidades del Frente Amplio nos conduzcan, por inercia, al cambio. Hay que comenzar a mostrar las fortalezas de ese nuevo gobierno que heredará el desafío gigantesco de levantar a este país económicamente hipotecado y socialmente en decadencia.

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