Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Otra vez Argentina

La batalla discursiva en la que se ha embarcado el gobierno argentino a raíz del conflicto con los "holdouts", no es algo de poca monta. Desde su papel de víctima, frente a unos "buitres" que pretenden desangrar al país, por un pecado tan venial como el de no cumplir con sus acreedores, hasta las acusaciones en boca del jefe de Gabinete Capitanich, amenazando con reclamar ante la Corte de la Haya además de acusar a la Justicia de Estados Unidos, de no ser confiable.

La batalla discursiva en la que se ha embarcado el gobierno argentino a raíz del conflicto con los "holdouts", no es algo de poca monta. Desde su papel de víctima, frente a unos "buitres" que pretenden desangrar al país, por un pecado tan venial como el de no cumplir con sus acreedores, hasta las acusaciones en boca del jefe de Gabinete Capitanich, amenazando con reclamar ante la Corte de la Haya además de acusar a la Justicia de Estados Unidos, de no ser confiable.

En aplicación de aquella máxima, que sugiere que no hay mejor defensa que el ataque, la Argentina está a punto de sacar un post grado. Una prueba de ello es el solidario apoyo recibido por Cristina Kirchner en la postergada reunión del Mercosur, (7 meses de atraso) realizada en Caracas, de parte de sus colegas Maduro, Morales, Cartes, Rousseff y Mujica. El cual al manifestar que esto "nos puede pasar a cualquiera de nosotros", metió gratuitamente al Uruguay en la misma bolsa de nuestro vecino. Un país que cuenta con un largo historial de incumplimientos, un "defaulteador" consuetudinario, muy diferente al nuestro.

No olvidemos que en el medio de la dialéctica oficial argentina, al señalarse a los "fondos buitres" como un grupo de especuladores que no entró en el canje, obvian decir algunas verdades. Una, que entre quienes aspiran a recuperar el dinero invertido en títulos del gobierno argentino, figuran una cantidad de ahorristas argentinos que confiaron en su país para colocar sus ahorros.

Otra, que hubo gente que al ver que el Estado los traicionaba, prefirieron recuperar una parte de su dinero, aprovechando la posibilidad de vender sus bonos, aun perdiendo plata.

Y la tercera, es que el 93 % que aceptó el canje, no lo hizo alegremente, sino porque no tuvo más remedio. Ya que la titularidad de la mayoría de esas emisiones estaban en manos de los bancos, y de las AFJP, que eran los que mayormente invertían en las emisiones del Estado, expuestos como estaban, ante el poder extorsivo del gobierno que les impuso una quita, de nada menos que del 70%. Y pobre del que no acompañara la iniciativa gubernamental. Los malos efectos se dejarían sentir rápidamente.

El continente tiene una larga experiencia en esto de deudas y refinanciaciones, con casos mejores y peores según lo recuerda Roy Scott, un banquero que intervino en 5 de estas negociaciones. "A partir del 5 de septiembre de 1982, cuando México anunció su cesación de pagos, casi todas las naciones latinoamericanas renegociaron su deuda externa. Excepciones fueron Paraguay, porque nadie le prestaba y Colombia, por más inteligente. La reestructuración primera y más exitosa fue la de Chile, finalizada en 1985 y las que dejaron más que desear, fueron las de Brasil y Argentina, terminadas recién en 1992, a pesar de que eran los que estaban en mejores condiciones para cumplir. En cambio Chile y México, con indicadores muy malos para poder salir a flote, fueron los más rápidos en llegar a una solución y recuperarse".

Los "holdouts" (por fuera del canje) o los "buitres" como prefieren llamarlos en Argentina, no son una novedad. Siempre han existido.Y los contratos de reestructuración son casi todos iguales. Si no se hacen bajo las leyes del estado de Nueva York, que incluyen las cláusulas "pari passu"y la renuncia a la inmunidad soberana, no los compraría nadie. Al contrario de lo oído en el entorno de Cristina, es lo que le da mayor tranquilidad al inversor.

Frente a los perjuicios que un default le traería a los argentinos al quedar como parias en el concierto internacional de financiamiento, con la maquinita de hacer billetes, -¿recuerdan a Boudou y la imprenta Ciccone?- como último recurso para poder funcionar y el consecuente aumento de la inflación, lo que tendría que haber hecho el gobierno calladamente y hace tiempo, desde el 2005, era buscar el rescate por parte de terceros independientes, sin violar de forma manifiesta las cláusulas de renegociación. Bancos e inclusive empresas privadas, dispuestas a sacar las castañas del fuego, con alguna garantía de que el Estado luego se los reconozca de alguna manera, es lo que hoy avizora en el horizonte.

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