Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Nosotros los terrícolas

Los peligros lejanos no se quieren reconocer. Molesta pensar en ellos, inclusive los más inevitables y ciertos como la muerte.

Son temas que se sienten distantes o incómodos y por lo tanto, fáciles de posponer, especialmente cuando ello implica tomar conciencia de la necesidad de planificar y embarcarse en complicaciones y arduos trabajos que no serán necesariamente reconocidos y crearán reacciones inmediatas y negativas en parte de la población.

El tema del cambio climático es un caso emblemático. Si seguimos así, mirando para otro lado, la catástrofe se producirá y es cada vez más cercana. Pero los que pueden ayudar a evitarlo no es fácil que se estimulen. Existen desconfianzas e intereses. Un solo líder político de reconocido nivel, Al Gore, quien fue vicepresidente de EE.UU. durante la era Clinton, hizo suya la bandera de tomar en serio el problema del calentamiento de nuestro planeta, el hogar de nuestros hijos y nietos.

Ya sabemos que el actual ocupante de la Casa Blanca no cree que el hombre sea la causa. Niega la evidencia contundente de que los 7000 millones de humanos que somos y en constante crecimiento, estamos calentando demás al globo. Felizmente se ha dado estar justo en un momento donde otras variables han remado a nuestro favor. Durante estos últimos tiempos, el sol ha tenido una intensidad relativamente baja y estable y por ese motivo, el calentamiento no ha sido más intenso. La matriz energética mundial todavía es muy dependiente del carbón, el combustible energético más negativo, si bien es posible tomar ciertas medidas para atemperar sus daños a la atmósfera, con un sistema de captores de gases que luego deben enterrarse profundamente. Muchos países dependen de esa industria. Muchas bocas, muchos salarios como los de los mineros y muchos políticos que dependen de sus votos. Aunque por esta misma causa, la de los votos, pero en el sentido opuesto, el presidente Trump en estos días ha morigerado sus burlas sobre los peligros del cambio climático. Ya no dice que es un engaño después de ir a Florida, uno de los estados en donde cuenta con una gran masa electoral, para ver in situ los desastres provocados por un terrible huracán y dar muestras de solidaridad a las víctimas.

La tecnología atómica que produce muy poca polución si las cosas andan bien, tiene en contra el fantasma de los peligros de la radiación descontrolada en caso de accidente. Chernobyl en la vieja URSS y Fukushima en Japón, recuerdan el riesgo potencial de un estallido. Más allá de que han muerto muchísimas más personas en las minas de carbón que en la minería de uranio, en su enriquecimiento y en su uso industrial.

Para enfrentar el desafío que representa el calentamiento global hay miles de millones en danza y diversos puntos de vista. De acuerdo al reciente informe de la ONU elaborado por los científicos especialmente convocados, el mundo debe invertir US$ 2.4 trillones cada año en energía limpia hasta el 2035 y cortar el uso de energía proveniente del carbón a casi nada, para el año 2050. En la actualidad el carbón abastece alrededor del 37% y el gas el 24% de la demanda global de energía según la International Energy Agency (IEA). Pero esta proporción declinaría a un 22% si los gobiernos deciden dar respuesta al reclamo de políticas de energías más limpias, de acuerdo al último estudio de la IEA sobre Previsión de Energía Mundial de 2017. En esto Uruguay rankea bien proporcionalmente, con el 40,1% de generación.

Las emisiones de dióxido de carbono mundiales subieron 1.6% el año pasado, luego de tres con poco cambio. El trabajo añade presión a quienes diseñan las políticas públicas y a los empresarios, haciendo énfasis en el calentamiento del mundo y el aumento del nivel de los mares que conlleva tormentas más destructoras y su contribución a exacerbar la pobreza. La atmósfera ha subido 1 grado Celsius por encima de lo que estaba a comienzos de la revolución industrial y va camino a los 3 grados para el 2100. Ello representa el doble del objetivo al que se apuntó en los acuerdos de París de 2015 firmados por 200 naciones. La IEA anuncia que la energía proveniente del sol, del agua y del viento va a superar al gas natural y al carbón en los próximos 5 años. Pero a pesar de que las energías renovables llegarán a suplir hasta el 30% de la energía mundial para el 2023, el aumento continuo del carbón en Asia muestra que el combustible fósil seguirá siendo gran fuente de energía.

Se calcula un crecimiento mundial de la energía hidráulica del 12% en los próximos 5 años, por lo que será la mayor fuente renovable para el 2023. China con la gigantesca represa jamás construida tendrá que ver mucho en ese crecimiento. Aun cuando hay cierta preocupación por el peso de tamaño espejo de agua que podría llegar a desfondarse y ni que hablar de las consecuencias que traería. La IEA ahora se está enfocando en la moderna bioenergía, que ha representado la mitad del consumo de renovables e incluye combustibles líquidos derivados de plantas, gases anaeróbicos de la digestión y "pellets" de madera, usados sobre todo para calefaccionar, excluyendo la biomasa común.

Para estos cambios de matriz, un sólido apoyo de gobiernos y mercados, es imprescindible.

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