Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Sí se puede, sí se pudo

SI SE PUEDE, SI SE PUEDE.., era el cántico más repetido por el gentío acumulado alrededor del Congreso de quienes acompañaron hasta la Casa Rosada, al nuevo Presidente de los argentinos, Mauricio Macri.

SI SE PUEDE, SI SE PUEDE.., era el cántico más repetido por el gentío acumulado alrededor del Congreso de quienes acompañaron hasta la Casa Rosada, al nuevo Presidente de los argentinos, Mauricio Macri.

Atrás, para el olvido, quedaron las caras crispadas de las huestes que Cristina llevó a la Plaza de Mayo el día antes para despedirse en olor de multitudes. Un espectáculo tan inédito como bochornoso. Clara demostración de su fobia a la alternancia de poderes. A esa saludable característica de los gobiernos democráticos.

Su renuencia a facilitar la transición, expuesta en aquel extraño encuentro con el Presidente electo, en Olivos, fue la primera señal. Luego sobrevino el lamentable sainete de la puja alrededor de la ceremonia de transmisión de mando. Solamente una persona tan enamorada de si misma y tan trastocada, no es capaz de sentir vergüenza de protagonizar semejante papelón, a vista y paciencia del mundo entero.

Acostumbrada como estaba a hacer lo que se le diera en gana, (como abusar de la cadena nacional como nunca se vio) sin darle importancia alguna a las normas vigentes si de satisfacer su capricho o su interés se trataba, esto de volver al llano es evidente que se le atragantó.

Aparte de que esa insistencia en no ponerle la banda a Macri, ni entregarle el bastón de mando en la Rosada, también formaba parte de otra típica maniobra diabólica, muy pertinente con su personalidad. Ubicarse en el Congreso rodeada por los suyos en bancas y gradas, dejando en evidencia que no habrá de darle ni un minuto de tregua.

Pero se encontró con que del otro lado no había un adversario timorato que por evitar problemas transara y le diera el gusto. Macri, le guste o no, es el nuevo Presidente y no estaba dispuesto a plegarse a sus berrinches ni estratagemas. Su deseo era el de seguir con lo que ha sido la tradición en estas ceremonias, a excepción del cambio introducido por Néstor Kirchner primero y su viuda después y por lo tanto, se mantuvo firme en su posición.

Con la misma firmeza que ha demostrado a lo largo de su carrera electoral y deportiva. Primero conduciendo con acierto a Boca Juniors, un club emblemático pero en bancarrota, al que catapultó nuevamente a los triunfos para luego devenir en político. Primero ganando dos elecciones consecutivas para dirigir la Jefatura de la Ciudad de Buenos Aires, lo que hizo con eficacia pesar de todos los palos en la rueda que le puso el gobierno nacional manejado por los Kirchner.

Así como mantener la esencia identitaria del PRO, el partido que creó para llevar adelante su sueño y su objetivo. A pesar de los consejos y las presiones a su alrededor para cambiar su postura, en base a la creencia generalizada entre los argentinos, que si no se arrimaba al peronismo no tendría ninguna chance de ganar. Si embargo SI SE PUDO y la alianza inteligentemente armada con otros partidos que conformaron Cambiemos se impuso y terminó con la era kirchnerista y sus elegidos.

La mañana soleada del 10 de diciembre estuvo en plena armonía con la atmósfera que se respiraba entre la gente. En el ambiente que lo que notoriamente prevalecía eran la alegría y la esperanza. Y eso mismo fue lo que transmitió el nuevo mandatario en su alocución en el Congreso. Con un discurso simple y corto -bienvenida la diferencia- hizo hincapié en varios temas centrales. La honestidad, palabra agregada expresamente al texto habitual del libro en el que los nuevos Presidentes estampan su firma. La lucha contra la pobreza, las políticas de amparo a los niños, la guerra a la corrupción ( que levantó cerrados aplausos) y la importancia de una justicia independiente y rápida. El llamado a la unidad de los argentinos, el convencimiento de que Argentina tendrá un futuro mejor con la ayuda y el esfuerzo de todos y la valoración del trabajo en equipo, resaltada más de una vez, en contraposición a los que se sienten líderes mesiánicos que todo lo pueden.

El estado en que recibe el país y en el que hasta el último momento Cristina estuvo enviando leyes y haciendo nombramientos es al decir de todos, un campo minado. Pero a su favor están otros intangibles muy importantes. La percepción nacional e internacional de que se produjo el cambio. Que por delante hay un gobierno que inspira otra confianza y seriedad y ese aspecto emocional y sicológico y también el racional, es muy probable que abra las puertas al financiamiento extranjero y local que tanto se necesita luego de que la Administración Fernández lo dejara en bancarrota.

A nadie le interesa que a la Argentina le vaya mal y por más difícil que sea la tarea, a partir de mañana no es disparatado mirar el horizonte con optimismo. Bienvenido el clásico bailecito, esta vez desde el balcón de la Rosada

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