Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Nuestra tierra

En una noche temprana típica, de este extraño verano a raíz de las restricciones y los temores que aún provoca una pandemia de alcance global como nunca se vio, a la que el mal clima se ha sumado gustosamente, tuve la fortuna de disfrutar de una espléndida producción de la BBC.

Bondades que ofrece la tecnología que ha sabido desarrollar el hombre, aunque el mismo ser humano también se aproveche de los adelantos para continuar haciendo el mal. Desde propagar el odio hasta aprovecharse para cometer toda clase de delitos. Comenzó con un programa creado por Sir David Attenborough, sobre los perros (o lobos) salvajes en África.

A primera vista no son animales demasiado atractivos, con sus orejas desproporcionadas y su pelambre gris manchado en forma despareja, rebuscado camuflaje para sus faenas. A medida que la cámara y el fluido relato nos acerca a ellos, a los desafíos a los cuales se enfrentan continuamente y deben superar para subsistir, uno se compenetra con su devenir y nace una inesperada empatía.

Se observa admirablemente su organización social, y se descubre que es un matriarcado, donde la hembra dominante puede llegar a liderar su jauría, más de siete años seguidos hasta que pasa a disputarla una nieta en pugna para el dominio del cada vez más querellado y menguante territorio que va siendo usurpado por el ser humano. El animal más evolucionado de la tierra, así como el más peligroso y depredador.

A continuación aparece otra filmación sobre los osos polares en el norte de Canadá. Sobre su solitaria vida en el frío. La búsqueda de la pareja para aparearse, la lucha para lograr su cometido y nueve meses después la llegada de los oseznos. Los desvelos de la madre osa para enseñarlos y darles de comer mientras a lo lejos el hombre va influyendo sobre su entorno con el calentamiento global y el excesivo deshielo que reduce su espacio vital. Muestra cómo cazan a las focas rompiendo el hielo y cómo atrapan a sus presas. Quedo luego atrapada frente al televisor, al empezar otra serie; esta vez en la Antártida, con los pingüinos como protagonistas principales.

¿Quién en es el señor Attenborough? Se trata de un lúcido y activo personaje de 92 años de edad, buen exponente de la clase media inglesa. Su abuelo, dueño de una pequeña tienda de ramos generales en el centro rural de Inglaterra y su padre un académico universitario que terminó como rector de una facultad en Leicester. La educación de Sir David, y la de su hermano mayor Richard (Dick) pudo ser solventada por becas en Cambridge. El primero de ellos quería a todas costas ser actor y su padre con gran esfuerzo consiguió meterlo en la más exigente de las escuelas que preparan actores donde pudo realizar su vocación pero sin mucho éxito. Nuestro héroe, luego del servicio militar y la II Guerra Mundial y algunos trabajos inconsecuentes se presentó a la BBC (radio) sin suerte. Pero le ofrecieron trabajo en el incipiente sector de TV donde encontró y forjó su camino pudiendo desarrollar su pasión por la fauna y la flora. En los años 50 empezó a hacer programas (blanco y negro) sobre animales exóticos y a visitar lugares como Borneo, una de las Guayanas y el Paraguay.

En la actualidad más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. En China o Europa la proporción es aún más alta. La gente tiene cada vez menos contacto con la naturaleza. Recuerdo una ocasión, cuando en uno de mis viajes al exterior, nos topamos con un grupo de jóvenes estudiantes de 12 a 15 años. Los llevaban a una granja, cercana a la propiedad de unos amigos, para mostrarles vacas, caballos, cerdos, ovejas, patos, pollos, conejos de verdad, y varios cultivos. La mayoría de esos niños no habían tenido la experiencia de tocar un animal, excepto a algún perro o gato. El granjero seguramente llegó a un buen arreglo con alguna autoridad educativa para recibir, con frecuencia a estudiantes de diferentes colegios en vez de ir a un zoológico, los que han ido cayendo en desgracia, felizmente para las bestias.

No debería sorprender que programas que relatan las maravillas de la naturaleza tengan gran éxito. "Life on Earth", "The blue Planet" y "Dynasties" se titulan sus obras. Sir David, en una excelente entrevista con Gideon Rachman del Financial Times, le confiesa modestamente a su interlocutor que no es nada difícil hacer un programa sobre animales: "Hay que seguirlos con la cámara". Lo que no dice es cómo hacerlo tan bien y con tan rico contenido. Por suerte Netflix, hoy ofrece varios programas de este genial amante de la naturaleza.

La población del planeta sigue creciendo. Las malas consecuencias son cada vez más evidentes. La usurpación del hábitat de elefantes, rinocerontes, hipopótamos, tigres, leones, bisontes y demás especies, como los pájaros que pierden sus lugares donde anidar, las abejas envenenadas por los herbicidas y las tortugas que se nutrían de las aguavivas y ya casi no existen, al tiempo que las muertas muestran un estomago lleno de plástico. Enormes masas de estos desechos forman islas flotantes mayores a Uruguay. Sir David Attenborough en forma directa o elíptica, alerta sobre esta realidad.

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