Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

El Nobel de la Paz

Ya se tratara de ambición o de ilusión y a pesar de los esfuerzos orquestados desde el gobierno, ambas quedaron frustradas por segunda vez. El viernes 10 se supo que al Presidente Mujica no lo habían elegido para recibir el Premio Nobel de la Paz. Algo bastante lógico dada su juventud reñida con la paz, al haber sido parte de un grupo terrorista y violento que se levantó en armas contra un gobierno constitucional. No contra una dictadura, como falsamente se le enseña a los estudiantes. Grupo que no tuvo reparos ni en asesinar ni en secuestrar, robar y poner bombas, sin tener enfrente a una brutal injusticia como la del Apartheid, como fuera el caso de Nelson Mandela o pelear por lo que consideraban su territorio, como ocurrió con Yasser Arafat o los israelíes.

Ya se tratara de ambición o de ilusión y a pesar de los esfuerzos orquestados desde el gobierno, ambas quedaron frustradas por segunda vez. El viernes 10 se supo que al Presidente Mujica no lo habían elegido para recibir el Premio Nobel de la Paz. Algo bastante lógico dada su juventud reñida con la paz, al haber sido parte de un grupo terrorista y violento que se levantó en armas contra un gobierno constitucional. No contra una dictadura, como falsamente se le enseña a los estudiantes. Grupo que no tuvo reparos ni en asesinar ni en secuestrar, robar y poner bombas, sin tener enfrente a una brutal injusticia como la del Apartheid, como fuera el caso de Nelson Mandela o pelear por lo que consideraban su territorio, como ocurrió con Yasser Arafat o los israelíes.

No quiere decir esto, que el Comité noruego que otorga este conocido premio no haya hecho más de un disparate con anteriores galardonados, pero de todos modos, a pesar de ser el Premio de la Paz uno de los más controvertidos de los Nobel, no deja de ser una distinción con gran impacto internacional. Por lo tanto, se trata de un galardón para quien lo recibe, que no pasa desapercibido en el mundo, que permite acceder a una importante suma de dinero.

En esta oportunidad se trata de la lucha contra el trabajo infantil y por el derecho de las niñas a tener educación. Esos dos objetivos son los que personifican el indio Kailash Satyarthi y Malala Yousafsai. Una joven de tan solo 17 años, con una proyección mediática enorme a consecuencia de haber sido víctima de una execrable agresión por parte del fanatismo Taliban. fue por el mero hecho de haberse atrevido a escribir a los 11 años en un blog de la BBC, en urdu, (2007) sobre el miedo y la imposibilidad de asistir a clase debido a que los talibanes habían impuesto su ley en el valle de Swat. En octubre de 2012, unos islamitas se subieron en Mingora, en el norte de Pakistán, al ómnibus escolar, preguntaron por Malala y al individualizarla le dispararon a quemarropa a la cabeza. Pero increíblemente el balazo no acabó con su vida. En estado de coma fue trasladada a un hospital, fue operada y recuperó la conciencia a los 6 días. Desde entonces vive en Birmingham, Inglaterra.

Su nombre había alcanzado dimensión nacional cuando ganó el Premio por la Paz paquistaní. Los Talibanes decidieron eliminarla pero el cruel ataque derivó hacia lo opuesto del objetivo buscado que era silenciarla. Lo sucedido provocó una conmoción generalizada y la cruzada de esta adolescente, la más joven en recibir este premio, cobró enorme dimensión. Cuando Malala, hija de un maestro de escuela, escribía que los talibanes habían emitido una “fatua” que prohibía a todas las niñas a ir a la escuela, tenía razones para estar alarmada. Un informe publicado por el Ejército informaba en esos días, que los talibanes habían decapitado a 13 niñas, destruido 170 escuelas y puesto bombas en otras cinco.

El hecho de que el otro galardonado sea el indio Kailash Satyharti, un ingeniero electrónico que a los 26 años abandonó su profesión para dedicar su vida a defender los derechos de los niños y sacarlos del trabajo esclavo al que son sometidos cientos de miles de ellos, encierra a su vez todo un simbolismo en pro de la paz. Unidos por la misma distinción se encuentran una pakistaní y un indio, un hindú y una musulmana, oriundos de dos naciones con potencial nuclear, muchas veces en guerra por el estado de Kashmir Este se encuentra dentro de territorio indio, pero Pakistán lo reclama porque tiene una gran población de religión mahometana. La organización fundada por Kailash, Movimiento para Salvar a la Infancia, ha liberado a unos 80 mil niños obligados a trabajar desde pequeños en condiciones de esclavitud, por ser la mano de obra más barata y más fáciles de doblegar física y mentalmente. Su ONG suele descubrir locales adonde los tienen encerrados trabajando y lleva a la policía para liberarlos. A su vez, es un decidido crítico del sistema de castas que aún perdura, aunque oficialmente haya sido prohibido, que lleva a las clases menos educadas a considerarse inferiores y a pensar que nacieron para ser explotadas.

Aunque se dice que la India, con 50 millones de trabajadores, es donde hay mayor incidencia de trabajo infantil, no es por cierto el único. Se calcula que hay 168 millones distribuidos por el planeta. Por ejemplo bajo el gobierno de Hugo Morales, en julio pasado se aprobó una normativa que autoriza el trabajo infantil desde los 10 años. Se convirtió así en el primero en permitirlo legalmente, según consta en el Código del Niño, Niña, Adolescente, recién promulgado, aún cuando Bolivia ratificó un Convenio de la (OIT) que fija la edad mínima en 14 años, entre normas internacionales que obligan a erradicar las peores formas explotación, como las zafras de caña y la minería. Se estima que 850 mil menores y adolescentes trabajan desde los 5 a los 17 años y el 87% en las peores formas de trabajo. Unos 354 mil en el área urbana y 444 mil en la zona rural. Terrible realidad producto de la gran pobreza reinante.

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