Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Magnitud del cambio

Acaba de asumir Donald Trump. En su discurso de asunción no ha hecho más que repetir los machacones conceptos de su campaña, plenos de etnocentrismo. Pero su presencia en la Casa Blanca se hará sentir en el planeta.

Acaba de asumir Donald Trump. En su discurso de asunción no ha hecho más que repetir los machacones conceptos de su campaña, plenos de etnocentrismo. Pero su presencia en la Casa Blanca se hará sentir en el planeta.

Al final de la guerra, en 1945, quedó establecido un orden mundial bipolar que se formalizó a través de alianzas, pactos e instituciones (Yalta, Potsdam, Naciones Unidas, el Banco Mundial, el FMI, la OTAN, etc.) y sus consecuencias fueron un mundo dividido pero cierto, aun cuando injusto (Polonia) para algunos. Con fronteras geopolíticas y áreas de influencia acordadas con el objetivo, por lo menos del lado occidental, de preservar la paz y evitar el holocausto atómico.

Ese orden fue desvirtuado a principios de 1990 y ahora está mutando nuevamente. Se percibe A) una fragmentación de la Unión Europea, provocada por la marea migratoria musulmana y la invasión rusa de Crimea. B) en el hemisferio americano, los EE.UU. empiezan a aislarse del sur latinoamericano a causa de los emigrantes indocumentados y por una mayor intolerancia por parte de Trump hacia líderes como Maduro y el actual dictador en Cuba. C) En Asia, China, luego de la luna de miel de muchos años con EE.UU. -iniciada por Nixon y Mao para contener a la URSS- nuevamente comienzan a enfrentarse por su política expansionista en el océano Pacífico, al transformar arrecifes en islotes con escombros, rocas y tierra, con las consecuencias que eso implica y últimamente, capturando un dron norteamericano (luego devuelto) que volaba sobre ellas. Claramente una acción inaceptable, que Obama al terminar su mandato no quiso desafiar, dejándole a Trump una clara excusa para intensificar su cruzada contra China. La aparición de Xi en Davos al mostrarse como el nuevo campeón del libre comercio, es otro reto para EE.UU. La autonomía de Taiwan volvió a la palestra. En Filipinas, su nuevo líder populista parece tener pocas simpatías por el antiguo vínculo con los Estados Unidos. D) Asia Menor y Mediano Oriente; los acontecimientos van de mal en peor. E) África subsahariana; padece hambrunas, inflación, guerras civiles y corrupción.

A su vez, el ataque del 11 se septiembre de 2001 a EE.UU. (Torres Gemelas, Pentágono etc.) por terroristas musulmanes, cambió el clima mundial. Sus consecuencias han sido tremendas. La reacción inicial fue la invasión de Irak y sus resultados fueron desastrosos. Se desestabilizó el mediano oriente, sobrevino la “primavera árabe”. Siria cayó en una larga guerra civil. Lo mismo sucedió en Irak y en Yemen. Turquía e Irán quedaron involucrados en el torbellino y se estremeció Libia, Egipto y Túnez. En ese ambiente se exacerbó una siniestra guerra religiosa ente chiitas y los sunitas y sus diversas fracciones. Estos pelean entre sí, pero su adversario final es el mundo no islámico. Son los cristianos, los judíos, los budistas y hasta los más liberales y no creyentes, a quienes desean someter si es necesario, a sangre y fuego.

La superioridad occidental en tecnología y sofisticación militar cuenta poco en ese tipo de conflicto donde la ferocidad y el fanatismo religioso equiparan las ventajas y pueden quebrar el ánimo del más blando. La historia del mundo está llena de ejemplos. A principios del siglo VII, Jerusalén era una próspera, culta e importante ciudad cristiana, que formaba parte del Imperio Bizantino. Estaba bien armada, rodeada de murallas pero fue atacada, vencida y cruelmente sometida por hordas fanatizadas provenientes de Arabia. Estos no disponían de ninguna ventaja en armamentos, simplemente eran más feroces. De allí conquistaron Persia, el norte de África, casi toda España, la mitad de Francia, el sur de Italia, Sicilia, liquidando después a Constantinopla, lo que quedaba del imperio Bizantino. Sometieron 150 años a Hungría y llegaron a las puertas de Viena siendo finalmente derrotados por la coalición comandada por el Rey de Polonia -en el S. XVII- recién diez siglos después. Entonces, con razón Europa está preocupada.

La invasión actual es distinta. El miedo de los propios musulmanes a los desaforados y los que ya han perdido todo, han iniciado una fuga ma-siva hacia Europa, afectando su estructura. El Brexit es una consecuencia y el Frexit (Le Pen lo propone) es una posibilidad. Peligra este año la reelección de Angela Merkel, acusada por haber permitido la entrada de tantos extranjeros y Trump lo dice abiertamente; el acuerdo de “Shenghen” es letra muerta.

El nuevo presidente norteamericano, da inequívocas señales de un nuevo realineamiento estratégico que implicaría juntarse con Rusia para combatir al Islam; un cambio de las reglas de juego vis a vis la OTAN, exigiendo que los aliados paguen por su defensa y una mirada supuestamente más pragmática a los desafíos que plantean los emigrantes ilegales. Para esto último, Trump ha reiterado su intención de aumentar el muro (ya existe) en la frontera con México. Una postura que alienta a los movimientos más nacionalistas en los estados del continente europeo, donde pronto habrán nuevas elecciones. Mucho queda por verse.

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