Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Lloro por ti Argentina...

La verdad es que cuesta escribir sobre la Argentina hoy en día, tan malas son las noticias que provienen de ese querido país vecino.

Una nación con la cual gran parte de los uruguayos tenemos vínculos o familiares o de amistad. Una nación con enorme potencial y abundancia de talento entre su población. Tuvieron que venir los argentinos a principios del 2000 corridos por otra de sus recurrentes crisis, para que el campo uruguayo se revolucionara en el buen sentido, gracias a la dinámica productiva y económica que trajeron consigo, sumada a las favorables condiciones externas de los años posteriores a la debacle que nos hundió conjuntamente. Fueron tiempos de vacas gordas que allí no supieron aprovechar como se debía y nosotros lo hicimos mejor, pero no del todo. Y si no, el déficit fiscal del 5% que nos dejó el gobierno del FA a pesar de tantos años de bonanza. Además del deterioro en la educación y la pobreza maquillada estadísticamente que explotó apenas asumido el gobierno de la coalición multicolor. Se podría seguir, pero no en esta columna que busca echar un vistazo sobre la vecina orilla.

Del otro lado del río, una ciudadanía exasperada promueve una marcha tras otra para hacerle saber al gobierno de su descontento. No son ya épocas de ir en busca de los militares con la ilusión de que enderecen el rumbo, pero las convocatorias masivas tienen gran respuesta dentro de lo que las medidas por el Covid-19 permiten. La Corte Suprema de Justicia parece haberse hecho eco del indignado clamor de la gente y respaldada por el mismo, detuvo la última artimaña del gobierno. Ante un nuevo intento del kirchnerismo para inmiscuirse en la justicia y sacarle de encima a Cristina Fernández los jueces que tienen a su cargo las causas de los “Cuadernos” y las coimas, además de otros varios juicios en los que está acusada la actual vicepresidenta, amparada hoy por fueros parlamentarios, el Tribunal Supremo impidió una maniobra orquestada con ese fin, al dictaminar que no se relevaría a dichos magistrados sin antes estudiar a fondo la situación.

Es cierto que no se trata de una respuesta definitiva, pero una fuerte sensación de alivio y esperanza corrió entre la oposición y los ciudadanos de a pie que no son parte del kirchnerismo, cansados de tanto atropello y de la flagrante corrupción a todo nivel, además de la mala gestión de la pandemia y la errática conducción económica. No es posible saber si los ministros de la Corte llegarán hasta el final para impedir que se cambie a los magistrados, pero le han hecho otra parada de carro a un nuevo embate contra la institución. Acaban de rechazar con firmeza una propuesta del Ministerio de las Mujeres, de Género y Diversidad, que pretendía encargarse de la capacitación en cuestiones de género de las máximas autoridades del Poder Judicial. Aclararon los Supremos, en una resolución de ocho carillas, que desde 2019 rige un convenio por el cual la Oficina de la Mujer de la Corte se encarga de esas actividades. En pocas palabras; a la Justicia la instruye la Justicia y no el Poder Ejecutivo. De paso, le informó al gobierno que los integrantes del Tribunal y la mayoría de los empleados ya tuvieron una instrucción obligatoria con réplicas en el interior del país y en la Ciudad de Buenos Aires.

Mientras se dan estas pulseadas en las altas esferas, los argentinos tienen que vérselas y sobrevivir en medio de una crisis en términos económicos y sociales, que más de un especialista califica como la más grave de las muchas experimentadas. Más de la mitad de los habitantes bajo la línea de pobreza y una caída prevista del PBI del 12% para el 2020. Ante una coyuntura en la que figuran muy malos índices sanitarios, (interminables cuarentenas con aumento constante de contagios y muertes) que ubican a Argentina en un quinto lugar entre los países más infectados del mundo luego de superar a Colombia, más la recesión, el desempleo, la inflación, la temida debacle con los salarios, la deuda interna, la inseguridad creciente, la pobreza ya mencionada y la marginalidad, cunde la impresión de estar a bordo del Titanic y que ni el Capitán, ni el segundo (segunda) de a bordo, ni el resto de la tripulación saben qué hacer. La sorda disputa entre el secretario de Hacienda y el presidente del Banco Central buscando cada uno por su parte como aguantar al dólar, con su falta de coherencia no hacen otra cosa que subir la desconfianza que crece al ritmo de sus improvisaciones, mientras su tónica es acudir a mecanismos ya fallidos.

Y ni qué decir del lamentable “vaudeville” con Venezuela, justo cuando se está por negociar las condiciones con el Fondo Monetario donde EE.UU. tiene gran influencia. Aparentemente, sin consultar ni pedir instrucciones (algún parecido con nuestra votación en Ginebra sobre Israel es pura coincidencia…) el Embajador argentino ante la OEA dejó completamente “offside” al canciller Felipe Solá, haciendo elogios a Maduro. Para que luego el representante argentino en la ONU por otro lado, (en buena hora) respaldara el dictamen Bachelet y condenara al régimen venezolano. Entre casa, mientras tanto, los rabiosos del Frente de Todos acusaron al presidente Fernández, nada menos que de traidor. Y así las cosas, faltan tres años y dos meses de gobierno y una pregunta es: ¿quién manda?

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