Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

¿Hacia donde nos llevan?

Nunca fui partidaria de las teorías conspirativas. Siempre he sido escéptica ante ellas y frente a quienes se regodean en el supuesto descubrimiento de manejos obscuros e intereses ocultos. Sin embargo, en estos momentos me incomodan seriamente las preguntas que he comenzado a plantearme yo misma, ante ciertos hechos y situaciones. La reciente ley de la marihuana, el estado de la educación y el continuo ascenso de la inseguridad.

Nunca fui partidaria de las teorías conspirativas. Siempre he sido escéptica ante ellas y frente a quienes se regodean en el supuesto descubrimiento de manejos obscuros e intereses ocultos. Sin embargo, en estos momentos me incomodan seriamente las preguntas que he comenzado a plantearme yo misma, ante ciertos hechos y situaciones. La reciente ley de la marihuana, el estado de la educación y el continuo ascenso de la inseguridad.

Si empezamos por la regulación del cannabis, lo que me preocupa no pasa por la despenalización, ya que mi postura ha sido desde hace tiempo, la de que el mundo debe tender hacia la liberación, puesto que lo visto hasta ahora, sobre el combate a las drogas, es un gran fracaso. Por más que el estimado Ignacio Posadas diga que no existe evidencia que de otra manera, no fuese peor, basta ver el gigantesco negocio del narcotráfico, el imparable consumo y el cúmulo de violencia provocado por este tráfico.

Desde la chica argentina a quien el otro día le explotaron en pleno vuelo, algunas de las 23 cápsulas de cocaína que llevaba dentro de su cuerpo, quien no murió de sobredosis por milagro y gracias a la operación que le hicieron tras un aterrizaje de emergencia, hasta los miles de muertos en muchos países, el amedrentamiento en el que viven poblaciones enteras y la destrucción de las instituciones infiltradas por estas mafias.

Pero el cambio de enfoque para obtener un efectivo impacto y que se pueda destruir el mercado clandestino, creo que exige medidas globales y no en forma aislada, al tiempo que las multimillonarias sumas de dinero que hoy se gastan en la persecución del narcotráfico, tendrán que reorientarse para poner en práctica masivas campañas educativas e implementar amplias redes médicas para prevención y recuperación de los adictos, desde el primer momento.

En este respecto, la ley N° 19172 (no tiene nombre) impulsada por el gobierno, me produce una seria inquietud. Desde que el gobierno empezó a empujar el proyecto cannábico, también comenzó a expandirse una especie de campaña, pro marihuana, veces de forma subliminal y otras ni siquiera, que ha apuntado a disipar la percepción de riesgo.
El mensaje más notorio ha sido el de ¿Por qué no consumir esta hierba? Que ahora está permitido y por algo será. Que no hace daño. Que es “cool” fumarse un porro.

En vez de spots publicitarios explicativos sobre sus malos efectos, la incidencia nociva en los cerebros juveniles, el año pasado se empezaron a expandir mensajes positivos, desde el comentario de cierto jerarca, hasta de tinte sanitario. Como el de una mujer que hablaba maravillas de la marihuana, contando que ella sufría de glaucoma (neuropatía óptica que no tratada a tiempo termina en ceguera) y que esta droga le hacía mucho bien. Afirmación tramposa por más de un motivo. Por un lado, porque tendría la persona que estar fumándose un cigarro cada tres o cuatro horas, que es el tiempo que le duraría el efecto. No es necesario aclarar el estado en que quedaría cualquiera, en ese tren. Y por el lado médico, lo que produce la marihuana es una hipotensión arterial. Esto en realidad le provoca daño al nervio ocular, que por el contrario necesita tener buena presión. No hay que confundir hipotensión arterial, con hipotensión ocular, que es lo que se busca con el tratamiento. Justo en esos días se llevaban a cabo unas jornadas de la Sociedad Uruguaya de Glaucoma con especialistas del exterior y no podían creer lo que se escuchaba por radio y televisión. La impresión es que tal como escribiera este miércoles Hugo Burel, alguien que sabe del tema propaganda, “la marihuana ha sido una de las campañas más inteligentes y eficaces ”.

Por otra parte, se percibe que la educación, dominada por la izquierda desde mucho antes de acceder al gobierno y luego durante estos dos períodos, aquella de la cual se enorgullecían los uruguayos, pasó a ser historia. Hoy el deterioro es tan grande, que una buena parte de la población es ya víctima irrecuperable de esa decadencia. Hay jóvenes llegan al liceo y no saben siquiera escribir su nombre correctamente, el nivel de los docentes ha ido en picada, el desorden es inmenso. Este año hay más liceales sin profesores que el año pasado. Diez mil horas vacantes por falta de docentes. Para disimular el elevado índice de repetición, la instrucción ha sido hacer la vista gorda y todo esto en épocas de abundancia y con importante aumento del presupuesto.

Además, la mala calidad en la enseñanza pública no solo obliga a la gente a sacar plata de donde sea, con tal de no enviar a sus hijos al sector público, sino que también conspira contra el nivel de la privada, de la que se espera no mucho más, que un poco de orden y contención.Si a la falta de educación, le agregamos la tolerancia inducida hacia la marihuana y le sumamos el temor y la inseguridad en el que vive la gente a merced de la delincuencia en creciente indefensión, los uruguayos vamos en camino de convertirnos en una sociedad fácil de manipular por los que aspiran a más control y mayor poder.

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