Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Insólita Cumbre

Otra Cumbre acaba de terminar y van… Como dijera con una buena dosis de humor y acierto, el consultor internacional mexicano Arturo Sarukhan, esta región “padece de cumbritis y tanto van de cumbre en cumbre los mandatarios, que parece vivieran en una cordillera”. Pero esta vez el encuentro en Panamá tenía su que ver.

Otra Cumbre acaba de terminar y van… Como dijera con una buena dosis de humor y acierto, el consultor internacional mexicano Arturo Sarukhan, esta región “padece de cumbritis y tanto van de cumbre en cumbre los mandatarios, que parece vivieran en una cordillera”. Pero esta vez el encuentro en Panamá tenía su que ver.

Por primera vez desde 1962, todos los países del hemisferio se reunieron en esta VII Cumbre de las Américas, cuya génesis proviene del impulso que Estados Unidos quiso darles a las naciones americanas, una vez terminada la época de la guerra fría, con el fin de robustecer las relaciones continentales. Desde la primera, llevada a cabo en Miami en 1994, mucha agua ha pasado bajo el puente, pero poco de sustancioso brotó de ellas, donde temas como la política antinarcóticos, la de migraciones, la seguridad y Cuba, han sido escollos difíciles de consensuar. La actual reunión fue escenario de una increíble ironía. Mientras el representante de la tiranía cubana, en la persona de Raúl Castro y el presidente de la gran potencia norteamericana, Barack Obama, se tiraban con flores, el discípulo de Chávez, Nicolás Maduro, enemigo declarado de Estados Unidos, (aunque le siga vendiendo todo el petróleo que puede) tuvo no solo que presenciar el romance, sino que hasta se sintió obligado a decirle algo amable a Obama, (“pienso que se trata de una persona honesta”) en medio de su larga diatriba contra el imperialismo. No fuera a estropearle la sesión a los cubanos. A los asesores no solo políticos e ideológicos, sino prácticos, de su gobierno. Los cuales se hallan por todos lados en su administración, siendo los que instruyen, por ejemplo, a esas milicias que salen a golpear y detener manifestantes y opositores. Por su parte los Castro, no iban a permitir que Maduro pusiera en riesgo el acercamiento con Estados Unidos que les resulta tan necesario para remediar el fracaso económico de la isla, producto de su férrea “revolución”, máxime cuando sus protectores les cierran el grifo. Primero fue Rusia y ahora Venezuela que ya no está tan llena de petrodólares tras la caída del precio del crudo, aparte de las consecuencias de un largo proceso de mal manejo del sector petrolífero que ha destruido su capacidad de su producción.

Ahora bien, ¿qué pensar de la actitud amistosa demostrada por Obama hacia Raúl Castro, o tal vez habría que decir hacia Cuba? En primera instancia, la impresión es que mientras el presidente norteamericano ha dado muestras y pasos de apertura, uno se pregunta cuáles han sido las pruebas de un genuino deseo de cambio de parte de las autoridades cubanas respecto de los puntos que más preocupan a los que se interesan en ciertos valores esenciales. La falta de libertad individual y de expresión, el acoso a los opositores, la seguidilla de detenciones, el permanente hostigamiento hacia cualquiera que muestre alguna rebeldía ante el totalitarismo al que se encuentran sometidos desde hace más de medio siglo, continúan como siempre. Las conversaciones con Estados Unidos comenzaron hace unos meses, sin embargo, de acuerdo a información de Cuban Transition Project, en marzo hubo más de 612 arrestos arbitrarios y las agresiones a disidentes produjeron 87 víctimas en febrero. Datos que coinciden con lo que explicaba Yoanni Sánchez en su disertación en marzo pasado en la SIP, desarrollada también en Panamá, cuando explicaba que bajo el mando de Raúl Castro lo que se estila es meter presa a la gente por un tiempo, largarlos y prender a otros continuamente, lo cual establece un clima de temor e incertidumbre permanente, en lugar de agarrar a algunos y encerrarlos por decenas de años, como en la época de su hermano Fidel, de los cuales varios aún permanecen tras las rejas.

Lo que sí se ha hecho bajo Raúl Castro, han sido algunos cambios por el lado económico. Ahora hay más gente que puede emprender un pequeño negocio privado, sobre todo orientado hacia el turismo. Se habilitó a los cubanos a poder comprar un auto 0 km, (el parque automotor local parece salido de algún museo del automovilismo) aunque con precios de compra y mantenimiento absolutamente prohibitivos para lo que son los sueldos en Cuba, (20 dólares promedio mensual). La reforma migratoria, según la misma Yoanni Sánchez, tiene más de maquillaje que de realidad y no es nada simple ni rápido, poder viajar. Mientras para Castro la jugada sería poder obtener lo de China, que ha logrado lanzar a su país al desarrollo que permite el capitalismo, mientras conserva un innegociable control político, para Obama la esperanza pasa por creer que cuando desaparezca Fidel, el líder emblemático, junto a la cercanía geográfica, la influencia de los negocios y la posible penetración de las comunicaciones, habrá de caer el yugo que ha dominado al pueblo cubano . Más allá de que Raúl tenga ya como delfín a su hijo Alejandro Castro. Las palabras de Obama en noviembre pasado en Miami, transmiten ese pensar. “Tenemos que actualizar nuestras políticas. Pensar que lo aplicado en 1961 siga siendo igual de efectivo hoy, en la era de los viajes, de Internet y de Google, no tiene sentido”.

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