Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Google y detractores

En épocas en que la ciencia ficción es cada vez más parte de la realidad, no es descabellado incluir los argumentos en rechazo del acuerdo entre el Plan Ceibal y Google, por parte del rector de la UdelaR, Roberto Makarian, y de la exministra de Educación, María Simon, hoy decana de la Facultad de Ingeniería, dentro de esa categoría.

En épocas en que la ciencia ficción es cada vez más parte de la realidad, no es descabellado incluir los argumentos en rechazo del acuerdo entre el Plan Ceibal y Google, por parte del rector de la UdelaR, Roberto Makarian, y de la exministra de Educación, María Simon, hoy decana de la Facultad de Ingeniería, dentro de esa categoría.

Más difícil de definir es cuánto hay detrás de sus posiciones contrarias al mentado acuerdo, de marxismo visceral, de afán de que el Estado maneje todo, y cuánto de luchas de poder intestinas. Ya que, como todos sabemos, para que el plan de las ceibalitas pudiera hacerse realidad con cierta rapidez, fue organizado bajo la órbita de la Presidencia.

La verdad es que cuesta digerir las rocambolescas acusaciones y tremendas inquietudes que parece producirles un acuerdo con el gigante de las comunicaciones, que no demanda ningún costo al Estado y viene a llenar carencias que disminuían las posibilidades del Plan Ceibal. Algo muy diferente a lo que habrá de suceder si el cangrejo que estaba debajo de la piedra y acaba de aparecer: la propuesta que en el ámbito de la Universidad se cree un buscador y una aplicación que le haga la competencia a la principal empresa mundial. A qué costo y en qué tiempo, habrá de verse.

Y los ataques de desconfianza tuvieron eco no sólo en la bancada frentista, lo cual no sorprende, sino hasta en sectores de la oposición donde han brotado efervescencias nacionalistas. ¿Cómo puede ser que los datos de quienes accedan a este servicio se procesen en el “Imperio”?

Entonces, ahora será cuestión de nombrar una comisión para que elabore un proyecto, con todos los sectores de la educación representados, crear una secretaría, nombrar directivos, secretarios, técnicos, funcionarios, comprar equipos, para que Uruguay construya lo suyo.

A partir de ahí, todo aquel que tenga una cuenta de correo Gmail o utilice la nube, que se borre y prescinda de esas herramientas del mundo moderno. Que solo recurra a Adinet, cosa de seguir aumentando el monopolio Antel. Ese ente autónomo que se supone ha tenido tan buena perfomance (aunque los balances muestren lo contrario), que a pesar de sus abultadas deudas se ha seguido presionando y el gobierno actual está dando el brazo a torcer, con la construcción del Antel Arena. Proyecto lanzado el año pasado al son de las cargas de dinamita que dieran por tierra con el abandonado Cilindro Municipal (más de 25 años bajo la tutela del Frente Amplio). Inversión millonaria que poco tiene que ver con el cometido de la empresa de telecomunicaciones y, lo que es peor, también su gerenciamiento. Lo que anticipa grandes probabilidades de que los uruguayos deban hacerse cargo de otro pozo sin fondo, con pérdida de dineros públicos de los que ningún mandamás será responsable.

Tal como lo dijera Gonzalo Frasca, exitoso diseñador de videojuegos y especialista en educación, “el riesgo potencial de pérdida de privacidad es mucho más grande en otras áreas que con Google. Es más seguro tener una cuenta allí que en la estatal Adinet”. Si de espionaje se tratara, ¿ a quién le interesará más investigar a los uruguayos? ¿A Google o al gobierno local, a la DGI, al Ministerio del Interior? Coincidimos en que nadie sabe qué garantía tenemos de que los funcionarios del Estado no hacen un uso indebido de los datos nuestros a los que tienen acceso. “Si Google espía sale en los diarios de todo el mundo como ya ha sucedido, pero si el Estado uruguayo me espía, no pasa absolutamente nada. Aquí nadie es responsable de nada”, (Frasca dixit).

Así como se han desperdiciado otras importantes oportunidades para el bien del país, caso del TLC con Estados Unidos, capaz que también se termine por prescindir de esta ventaja. Hay una aplicación, Google Apps for Education, que se utiliza en las mejores universidades del mundo, e inclusive ya se usa en algunos lugares en nuestro país. Es una herramienta para que los maestros y profesores la aprovechen de acuerdo a su interés didáctico (no se trata de imponer la educación desde el extranjero, como se ha oído) que es gratuito, carente de publicidad, y que prevé la privacidad según el protocolo de protección de datos que usa Uruguay en el marco de éste y otros acuerdos, el mismo de la Unión Europea y de varias naciones de Latinoamérica.

Es lamentable que autoridades de la educación gasten sus energías para trancar pasos que contribuyen al progreso educativo, en lugar de ocuparse de mejorar los malos resultados que desde hace varios años se detectan en la enseñanza pública. Lo que realmente debe preocuparles es que, por ejemplo, según los datos de las pruebas PISA de 2012, el 47% de los liceales se ubiquen debajo de los niveles mínimos de compresión lectora establecidos en el parámetro internacional.

Que la tasa de egreso de la Educación Media siga debajo del 40% al tiempo que en Chile sea del 80%, teniendo en cuenta que antes Uruguay era el país que estaba por delante en la comparación con sus vecinos latinoamericanos. A lo que se agrega otro fenómeno negativo: el escandaloso avance de la desigualdad educativa, según el estrato social.

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