Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Falsa oposición

A partir de la propagación de ese minúsculo pero peligroso enemigo, el coronavirus COVID-19, hoy se está dando un debate de falsa oposición. 

¿Salud o economía? Se trata de una situación en la que se presentan dos puntos de vista como las únicas salidas posibles, cuando en realidad existen una o más opciones alternativas que no se consideran.

Estas posturas suelen representar lo más extremo dentro de las posibilidades. Sin embargo, lo acertado es el camino del medio, ya que el bienestar del ser humano creció junto con el admirable avance de la medicina que ha permitido, entre otras cosas, que la tasa de mortalidad haya pasado de los 30 o 40 años de antaño, a los 80 o 90 de la actualidad, al menos en los países más desarrollados. Y el progreso en la salud y la ciencia no se generan sin una dinámica económica que lo haga posible.

Por lo tanto, hoy en todo el mundo los gobernantes están obligados a tomar decisiones cruciales respecto a como enfrentar la pandemia. El Presidente uruguayo parece tener el convencimiento de que lo mejor para el país es ir sentando con firmeza las pautas para encontrar una vía de equilibrio. Por ese motivo no transó con las exigencias de quienes presionaban por medidas extremas como la cuarentena total y obligatoria en vez de la voluntaria por la que optó el gobierno, en base a exhortaciones y convencimiento.

Tampoco se afilió a teorías más laxas como a las que apostó en un principio Gran Bretaña, para más adelante abandonarlas. Con la ironía de que justamente quien las promovía, el primer ministro Boris Johnson, terminara en un hospital. O la postura del presidente Trump, quien no le quería dar importancia a la morbilidad del virus hasta que la fuerza de los hechos lo obligó a rendirse. Más allá de que una cosa es lo que dice por aquí y por allá, y otra las medidas en la gran potencia, donde en Nueva York, epicentro de la pandemia, llevan más de 13.000 muertos a causa del COVID. También el estudio del Imperial College presidido por el influyente Neil Ferguson, que pronosticó 2,2 millones al año de muertes. Por su lado, Suecia ha continuado con medidas menos severas, mantuvo abiertas las escuelas y no se exigió el cierre de restoranes, plazas, etc. Al resto de las naciones escandinavas les ha escandalizado esa actitud del gobierno sueco que en cantidad de muertes les lleva la delantera. Su economía en cambio, marcha.

Las epidemias mortales acompañan trágicamente la historia de la humanidad, desde la peste antonina, época romana, a la negra, etc. El Uruguay fue alcanzado por varias, entre ellas la fiebre amarilla que en el siglo XIX causó estragos en los lugareños. Tampoco se salvó de la gripe injustamente llamada española, de 1918, cuando en realidad ya mataba a los combatientes en la Primera Guerra Mundial, aunque no se hablara de ello.

Las de los últimos tiempos, como el VIH Aids pudieron ser detenidas o simplemente desaparecieron, caso del SARS, la gripe H1N1 o la aviar, por lo que no se avanzó en la búsqueda de la vacuna correspondiente, pero al presidente Obama le preocupaba la posibilidad de alguna catástrofe viral. Debido a esa inquietud creó en 2014 una unidad especializada en investigación y monitoreo de pandemias. Pero al llegar Donald Trump a la Presidencia, una medida que tomó fue la de recortarle los recursos. Y de pronto llegó el COVID-19.

Aparte de los esfuerzos a nivel de gobiernos, de laboratorios, de empresas farmacéuticas y de importantes donaciones como las del multimillonario Bill Gates que ofreció 1000 millones de dólares al servicio de la lucha contra la pandemia que causa decenas de miles de muertos y tiene una infinita capacidad de contagio, otro efecto no deseado ha sido la cuasi paralización de la economía a nivel planetario en la intención de vencerla. Frente a esta situación hay quienes piensan que se trata de un suicidio colectivo programado, como nunca se ha visto. El acto de irracionalidad más grande de la historia, en el entendido que la reacción no tiene proporción con el problema al detenerse la rueda que venía girando, aunque de manera compleja, desde la revolución industrial.

De seguir trancándose las actividades económicas, de acuerdo a los analistas, no es descartable una situación que se asemeje a la alemana de la década del 20 que desembocó en lo que sabemos. El mesianismo de un loco como Hitler o la crisis de 1930 en Estados Unidos, cuyas graves secuelas económicas y sociales enlutaron a la gran potencia y se dejaron sentir en el resto del mundo. Incluido nuestro país. Como dijera alguien; “la distancia entre los supermercados y los desesperados es muy corta”. Con el agravante de que el confinamiento, sobre todo en los lugares más carenciados, aumenta la violencia dentro y fuera y aumenta el consumo de sustancias. Ante el presente desafío, el primer mandatario ha actuado para evitar que una mayoría enferme al mismo tiempo y haga colapsar al sistema de salud, mientras ha comenzado a abrir las compuertas para que la gente vuelva al trabajo y los niños (escuelas rurales) a estudiar. Al tiempo que las posibilidades de la tecnología se han esparcido transformado hábitos de trabajo.

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