Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Después del torbellino

Argentina busca atraer inversiones. La inflación, el atraso cambiario, el difícil clima laboral, la presión fiscal y los históricos bandazos en el cambio de políticas son un escollo.

De la Rúa, presidente constitucional, fue echado del poder por la turba en diciembre del 2001. Es más, faltó poco para que luego no terminara preso por haber defendido la Casa Rosada de quienes trataban de forzar su entrada para saquear, quemar y atrapar a quien pudiera estar adentro. Algunos activistas murieron en el intento. La consecuencia directa de este triste episodio histórico y sucesos conexos, fue que varios jerarcas de la policía y efectivos que enfrentaron a los violentos, terminaron tras las rejas. La justicia dictaminó que se reprimió demasiado a los desaforados. El mundo al revés. En la Argentina las cosas son así. De haber sucedido un intento similar frente de la Casa Blanca o el Palacio del Elíseo, dudo que no hubiese habido una reacción mucho más dura por parte de las fuerzas del orden para defender las instituciones y sus símbolos. Los policías habrían sido condecorados y muchos de los revoltosos hubieran ido presos.

Habiendo sido testigos de estos eventos, los Kirchner, una vez llegados al poder hicieron construir una importante valla en el frente de la Rosada y al mismo tiempo, captaron a la izquierda militante, integrándolos de una u otra forma a su movimiento.

Es bastante obvio el porqué recordar estos sucesos. Quienes atacaron el Congreso argentino en sesión hace pocos días, tenían como excusa manifestarse (con otros) en contra del proyecto que reformaría el sistema previsional, pero su objetivo final era provocar hechos de sangre y echar a Macri, hacer que fracase su gobierno. No nos equivoquemos. Que se tome el helicóptero, gritaban algunos.

Igual que en muchos países, debido al cambio de costumbres el sistema jubilatorio hace agua por todas partes. No es sostenible. Fue diseñado en tiempos en los cuales se vivía menos años y nacían muchos más niños por matrimonio. Hoy los jóvenes, especialmente los de la clase media, cuando se casan, lo hacen mucho más tarde y tienen menos hijos. Por lo tanto, los aportes al sistema van cayendo en picada. El sistema está desfinanciado y es un importante contribuidor al déficit fiscal. Los más pobres tienen más hijos pero generalmente representan, una carga para la sociedad, al menos en los principios. Afrontar el problema ha traído en el mundo reacciones explosivas. Postergar la fecha en que se pueden jubilar las personas o reducir en alguna forma los beneficios, ha provocado protestas y castigos en las urnas para el gobierno de turno. Por ese motivo, muchos lo ignoran. Hacen lo del avestruz. Argentina había encontrado un camino a través del equivalente de las AFAPS, pero los Kirchner las desmantelaron y malgastaron los ahorros acumulados.

Macri, luego de su reciente triunfo electoral, decidió enfrentar el problema e impulsó una modesta pero necesaria reforma, a pesar de que los afectados iban a quedar disgustados. Sus opositores, con la complicidad de los ignorantes y los cínicos, aprovecharon la oportunidad para tratar de tumbarlo. Impidieron el funcionamiento del parlamento un viernes pero finalmente no lo consiguieron el lunes siguiente. Horas después se pudo aprobar la ley de presupuesto y la reforma tributaria. Con sus costos, el gobierno logró un gran triunfo. El año que viene no hay elecciones y por esa razón el gobierno tiene por delante unos 18 meses para concentrarse en administrar al país sin esa distracción inmediata.

Eso no quiere decir que haya que olvidar el intento de impedir que sesionen las cámaras, se trate de amedrentar al poder legislativo y desestabilizar al presidente. El sistema republicano prevé que el pueblo delibera a través de sus representantes. Aquellos que se arrogan su representación o deciden impedir el funcionamiento de las instituciones de la nación incurren en el delito de sedición, amén de otros como los relacionados con el enfrentamiento a la fuerza pública, los heridas causadas (más de 80 víctimas) y la destrucción del patrimonio edilicio (estimado en unos $ 60 millones) sin calcular los daños a la imagen del país, especialmente en el exterior. Otra vergüenza fue la participación activa de 11 diputados Kirchneristas e izquierdistas radicalizados que agitaron y coordinaron con los revoltosos, entorpeciendo la acción de la policía, acusando a los que permanecían en el recinto, de represión, mintiendo descaradamente. Algunos además quisieron facilitar la asonada dentro del edificio del Congreso. El tema ha sido planteado ante la justicia. Veremos qué pasa. Por de pronto, CFK acusa al gobierno de perseguirla a ella y sus adláteres. El accionar delictivo de los manifestantes, aquellos que se propasaron y los instigadores, debe ser castigado. Los crímenes sin condena efectiva terminan alentando a desbordes futuros.

Argentina busca atraer inversiones. La inflación, el atraso cambiario, el difícil clima laboral, la presión fiscal y los históricos bandazos en el cambio de políticas ya son un escollo. Si añadimos a esto la imagen de lo que pasó a fin de año, las chances de salir del pozo disminuyen.

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