Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Cambio de mano

Tarea ingrata la del jefe de Gabinete, Marcos Peña, cuando la semana pasada intentaba convencer de que el gobierno de Mauricio Macri no había cambiado de posición respecto de Venezuela.

Tarea ingrata la del jefe de Gabinete, Marcos Peña, cuando la semana pasada intentaba convencer de que el gobierno de Mauricio Macri no había cambiado de posición respecto de Venezuela.

Sobretodo después de haberlo escuchado anunciar enfáticamente, antes y después de asumir como Presidente, que debía aplicarse la Carta Diplomática de la OEA a la Venezuela de Maduro a la vez de exigir duramente la liberación de los prisioneros como Leopoldo López. Eran tiempos en los que parecía perfilarse como el adalid de los nuevos vientos latinoamericanos.

La pirueta presidencial la notaron desde los opositores venezolanos, que de inmediato le hicieron saber de su desencanto, hasta cualquiera que estuviera atento a su trayectoria y se preocupara por la defensa de los valores democráticos. Lo vieron quienes se indignan con las múltiples violaciones a los derechos humanos que Maduro y su gobierno ejercen con brutalidad y petulancia. Con la impunidad salvaguardada por la postura cómplice e interesada de muchos de sus pares latinoamericanos, incluido el nuestro, luego que el Ministro Nin tuviera que “meter violín bolsa”. Es que en Uruguay al gobierno lo conducen la bancada del FA y sus bases la afinidad ideológica con el Presidente venezolano está por encima de cualquier otra consideración.

Lamentablemente, Argentina pasó a engrosar ese núcleo y hasta lideró la propuesta estilo “franela” cargada de los típicos y equívocos argumentos; “los problemas de los venezolanos deben arreglarlos venezolanos”. Así que el resto de las naciones democráticas a hacer como Poncio Pilatos. A lavarse las manos. Nada parece ser motivo suficiente para decirle al gobierno de Maduro que carece de las credenciales democráticas que ameritan su permanencia en un organismo como la OEA cuyos fundamentos privilegia ese orden, aunque en Venezuela sea a sangre y fuego. Aunque no funcionen las instituciones, se desconozca a la Asamblea y se ataque a los legisladores, como (ocurrió el jueves frente a las puertas del Consejo Electoral), si no hay separación de poderes, si la gente sigue presa solo por ser opositora, si se pasan penurias de todo tipo por falta de alimentación, de medicamentos, de seguridad, con decenas de asesinatos diarios.

La contundencia del planteo presentado por el Secretario General Luis Almagro en sus 132 páginas, para escarnio de sus otrora compañeros del Frente Amplio, adoradores de Chávez y su descendencia, no deja lugar a dudas.

Sin embargo, Susana Malcorra, la actual Canciller argentina, destacado ejemplar de ese particular mundo de los organismos internacionales, tiene otros objetivos bien definidos. Su candidatura a la secretaría general de la ONU, para lo que necesita de todos los votos, entre ellos el de Venezuela y sus amigos y a la vez y que la Argentina ocupe ese sitial. No es difícil imaginar que pasó en aquel primer encuentro entre el Presidente y Malcorra, a quien no conocía previamente, al ofrecerle la titularidad del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Tal como observara muy bien Claudio Paolillo en su columna del jueves pasado, se impuso la “realpolitik”. Esa concepción de la política en la cual lo único que cuenta es la conveniencia, (una argentina a la cabeza de las Naciones Unidas) mientras de lado quedan las convicciones democráticas, la ética y no importa que la tibieza que el Sr. Maduro advierte en sus pares, le sirva para robustecerse y continuar con el atropello las libertades y a los individuos en su país.

Y hablando de “realpolitik”el gobierno de Macri por fin ha presentado en blanco y negro los números que indican el país que recibió de Cristina Kirchner. El informe colgado en la página web de la Presidencia, www.casarosada.gob.ar, de 223 páginas llamado “El estado del Estado”. Deja en evidencia la manera en que se manejaban las estadísticas hasta el colmo de mentir sobre cuantos muertos hubo en las rutas, lo que lleva a que no se pueda ni saber cual es el total de fallecidos en accidentes de tránsito. Se trata de una auditoría profunda que demuestra como se malgastaron los inmensos recursos, sin plan estratégico, con incompetencia, con una discrecionalidad indecente, sin eficiencia, con despilfarro y vasta corrupción. A pesar de la histórica recaudación, unos 694 mil millones de dólares,( 2006-2015) la administración K dejó deudas en distintos organismos, equivalentes al 12% de los gastos previstos para el 2016. La plantilla de personal aumentó del 2003 al 2015 un 64% entre nación, provincias y municipios. El tremendo legado de los 12 años kirchneristas aún no ha tenido su correlato en denuncias en la justicia pero ya han comenzado las demandas de organismos y ministerios.

En todos los países, incluido el nuestro, sería buena cosa contar con este tipo de estudios.

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