Julia Rodríguez Larreta
Julia Rodríguez Larreta

Adoptar un niño (I)

Si hay algo que es difícil, aunque felizmente suceda, es la decisión de adoptar un niño. No es una determinación ni simple ni muy común.

Por lo tanto, cuando hay una voluntad manifiesta de parte de un matrimonio, (pareja, persona soltera o sola) el Estado, que a partir de la ley del 2009 tiene el monopolio de las adopciones a través del INAU, debería tener a la eficiencia entre sus principales compromisos.

Sin embargo, la misma es más que relativa. Y esa falta es un gran debe hacia esos niños indefensos. Los excesos de trámites y burocracia causan daños irreparables en esos seres que nacen con la desgracia de no contar con una familia que les dé amor y contención, alimento y educación. Elementos imprescindibles para un desarrollo satisfactorio.

El Presidente de la República, el Ministro de Desarrollo Social, Pablo Bartol, y el nuevo Presidente del INAU, Pablo Abdala, tienen un marcado interés por mejorar el instrumento de las adopciones. El tema forma parte de la LUC y en la comisión parlamentaria, el titular de la institución hizo un sólido alegato respecto de las reformas que se plantean. Se podrían resumir en darle mayor agilidad al proceso de adopción. Como era de esperar, no faltaron los intentos de saboteo con el manido argumento de que no había tiempo para debatir los cambios, o que los 18 meses planteados no alcanzaban para determinar adopciones. Y por increíble que parezca, una vocera de la Asociación de Padres Adoptantes, (APAU) se unió al coro de los contrarios. Pero si hay algo que urge, es justamente, que las adopciones se agilicen.

Las razones son más de una y se entrelazan entre sí. El Presidente del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas fue muy claro al respecto. “La cuestión del tiempo es fundamental. Cada día de internación es pérdida de desarrollo psicosocial. Los estudios de Unicef indican que por cada tres meses en la institución, el niño pierde un año de desarrollo” (El País, 16/05/20). Además, Uruguay es permanentemente observado por la elevada cantidad de niños institucionalizados y en el último informe, (2015) se expresa preocupación por los tiempos que tardan en concretarse las adopciones en nuestro país.

A estos graves efectos para el niño, se suma otro más evidente aún. Cuanto más crezca el menor, más complicado será que alguien quiera llevarlo consigo. Lo más usual es que los potenciales padres deseen criar a su futuro hijo desde sus primeros días de vida. Año que pasa, año que disminuyen las chances de ser elegido o aceptado por los adoptantes. Más allá de los cuatro, las posibilidades de convertirse en parte de una familia desaparecen casi por completo.

Lo que se busca con los cambios a la ley vigente no es entregar niños livianamente, sino tras un buen estudio de las circunstancias del propio bebé y de quien pretende adoptar, de forma eficaz. Que el papeleo no se eternice. Que no ocurra, como afirmaba el propio Abdala, que personas que ya figuran en el registro de adoptantes, esperen durante meses que los vengan a evaluar desde el organismo, los llamen para participar de un taller o les hagan el debido seguimiento. Y no solo es cuestión de reclamar más técnicos, más personal, sino de mejorar la gestión. Para eso, es necesario un cambio cultural. Cambiar la mentalidad de oficina pública. Mientras esto no se logre y por supuesto que no es nada sencillo, la ejecutividad seguirá siendo escasa.

A su vez, otro de los cuellos de botella se encuentra en la patria potestad. También habría que hacer una reforma al Código Civil de Tristán Narvaja. Prima el concepto de que el niño vuelva con la madre que por algún motivo lo dejó o se lo quitaron, (drogas, incapacidad maternal, desapego, infantilismo, pobreza) o con su familia biológica. Pero ahí se dan situaciones injustas para el chico. No es raro que pase meses y meses sin ver a su madre (aunque el INAU le pague el boleto de transporte) pero de repente, un día aparece con unos caramelos o lo que fuere. Entonces, el proceso de adopción por más avanzado que esté, vuelve a foja cero. Aunque a la madre no la vuelva a ver más hasta que un día, inesperadamente reaparece con otro regalito. Y así va pasando el tiempo… Suelen ser madres que han sido fruto y víctimas de abandono. No llegan a valorar el afecto en el progreso del menor. Piensan que los chicos están bien porque tienen techo, les dan de comer...

Otro de los fines buscados es aflojar el actual corsé, para que si una criatura ha vivido con una familia de acogida y se ha generado un fuerte vínculo de amor, el Juez, con los debidos informes técnicos del INAU, pueda resolver que esa familia lo adopte. Ante esta posibilidad los contras alegan que podría ser una artimaña para saltearse el proceso habitual, si bien bajo el actual régimen se conocen casos abiertamente reñidos con el bienestar del niño. Es el caso de un pequeño que era feliz con la familia (matrimonio con 2 hijos) que lo había recibido con apenas unos meses y estaba dispuesta a adoptarlo. Sin embargo, al año les avisaron que el niño se iba para otro lado. Se lo entregaron a un soltero homosexual. En lugar de encontrarle una familia al niño, se le buscó a este hombre, un hijo.

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