Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Por el viejo camino

La reunión del presidente Mujica con el presidente Obama fue un acontecimiento de primera magnitud cuya importancia política excede el contenido de los acuerdos que hayan podido conseguirse. Por un lado, la visita a Washington siguió una política tradicional del Uruguay, por el otro representa un desarrollo significativo. Y no solamente para nuestro país.

La reunión del presidente Mujica con el presidente Obama fue un acontecimiento de primera magnitud cuya importancia política excede el contenido de los acuerdos que hayan podido conseguirse. Por un lado, la visita a Washington siguió una política tradicional del Uruguay, por el otro representa un desarrollo significativo. Y no solamente para nuestro país.

Al visitar los Estados Unidos, Mujica aplicó un principio básico de nuestra política exterior bien definido por Luis Alberto de Herrera en 1943: “El Uruguay debe procurarse buenos amigos; los más que pueda conseguir. Lo son, desde luego, las repúblicas hermanas por origen, por fraternidad y por el espíritu moderno del americanismo; pero es deseable que también lo sea de alguien que esté bastante lejos, para no inspirarnos temor, y que posea bastante poder, para que con un gesto detenga el atentado que pretendiera sombrear nuestros destinos. Mucho tiempo atrás, hace casi cuarenta años” —continuó— “lo escribía y los pensaba desde la ausencia, desde los Estados Unidos, cuando joven. Hoy, creyendo más en los hechos que en las palabras y la dialéctica oleaginosa… me ratifico en que nuestro Uruguay debe cultivar la amistad de los Estados Unidos, pero sin el menor desgarro de soberanía”.

A lo que agregó Carlos María Velázquez, “lo que Herrera buscaba era la coincidencia del interés nacional con los intereses de ciertos países, pero sin hacerse naturalmente, ninguna ilusión sobre estos últimos, ni bajar la guardia frente a ellos”. Parece un principio sensato: buscar y cultivar aliados poderosos pero distantes.

Mujica siguió el precedente establecido por sus predecesores. En las últimas tres décadas, sucesivos gobiernos siguieron aquella sabia política. El presidente Lacalle se reunió con el presidente George Bush en Montevideo en diciembre de 1990. Su hijo del mismo nombre también fue visitado por el presidente Vázquez en el 2006 y visitó nuestro país un año más tarde, en condiciones muy especiales. En ese mismo camino se encuentra la buena relación que cultivó el presidente Jorge Batlle con Bush hijo y el apoyo que nos dio los Estados Unidos cuando más lo necesitábamos.

A pesar de que, en cada una de esas oportunidades, los contactos con los presidentes norteamericanos tuvieron resultados beneficiosos para nuestro interés nacional, cada visita ofreció la oportunidad propicia para que los de siempre sacasen el traje de anti-imperialistas de su apolillado ropero ideológico y salieran a protestar.

¿Qué habría opinado el veterano político blanco de esos personajes? Quizás les habría recordado una frase de “El Uruguay Internacional”: “el Uruguay tiene que resolver su problema internacional consultando, en exclusivo, las conveniencias del Uruguay. Indumentaria diplomática a la medida de su cuerpo”. Los acontecimientos de estos días confirman ese principio.

El encuentro en la Casa Blanca obedeció a un sano proceso de desarrollo conceptual. No solamente en el caso del presidente Mujica, con su pasado y su visión ideológica, sino también en el caso del presidente Obama.

Los Estados Unidos de Norteamérica están demostrando un considerable pragmatismo político ante las nuevas realidades en nuestra región. Un realismo que será confirmado por la segunda visita que realizará la presidenta de Chile, la socialista Michelle Bachelet, a la Casa Blanca, a fines de junio.

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