Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Vergüenza ajena

La Estación del Ferrocarril Central ha estado en las noticias en estos días. No han sido buenas noticias. Primero, se informó que la Intendencia desalojó seis personas que se habían instalado en la galería a lo largo de la fachada de la estación. La presencia de ocupantes en ese lugar es un hecho habitual como lo es el aroma a letrina romana que emana de la galería y que suele atacar las narinas de quienes esperan el ómnibus en la parada de La Paz y Paraguay.

Pocos días después, la Dirección Nacional de Bomberos debió actuar por un incendio en los edificios de la Estación sobre la calle Paraguay que dañó 15 metros de la primera planta del local. El fuego posiblemente fue causado por ocupantes que se habían refugiado en el edificio. El vocero de la Dirección Nacional de Bomberos opinó que, aunque se trataba de "una estructura fuerte" se habría de evaluarla para determinar si existe un riesgo de derrumbe.

La Estación Central fue inaugurada el 21 de julio de 1897, en plen

La Estación del Ferrocarril Central ha estado en las noticias en estos días. No han sido buenas noticias. Primero, se informó que la Intendencia desalojó seis personas que se habían instalado en la galería a lo largo de la fachada de la estación. La presencia de ocupantes en ese lugar es un hecho habitual como lo es el aroma a letrina romana que emana de la galería y que suele atacar las narinas de quienes esperan el ómnibus en la parada de La Paz y Paraguay.

Pocos días después, la Dirección Nacional de Bomberos debió actuar por un incendio en los edificios de la Estación sobre la calle Paraguay que dañó 15 metros de la primera planta del local. El fuego posiblemente fue causado por ocupantes que se habían refugiado en el edificio. El vocero de la Dirección Nacional de Bomberos opinó que, aunque se trataba de "una estructura fuerte" se habría de evaluarla para determinar si existe un riesgo de derrumbe.

La Estación Central fue inaugurada el 21 de julio de 1897, en plena crisis económica mundial y durante una guerra civil. Fueron años de grandes proyectos de infraestructura que han impulsado el desarrollo económico de nuestro país por décadas. Como las obras del nuevo de Puerto de Montevideo completadas en 1909. La Estación, primero, es un edificio de considerable importancia arquitectónica, segundo es un testimonio fundamental de la historia económica e industrial de nuestro país, tercero, es un recuerdo de los arquitectos, artesanos y obreros que la construyeron y de los miles de ferroviarios que allí trabajaron.

La Estación Central fue declarada monumento histórico nacional en 1975. Cuatro décadas después esa declaración es un sarcasmo. De poco le ha valido tan merecida distinción.

La presencia de ocupantes una amenaza para el edificio. Como lo son los fuegos que improvisan y que pueden extenderse con consecuencias graves para toda la estructura.

Pero, quizás, la principal amenaza sea el descuido sistemático del conjunto de la Estación Central y de sus instalaciones complementarias. Le recomiendo a los lectores que un fin de semana con buen tiempo se atrevan a dar una vuelta al conjunto y aprecien el melancólico panorama ofrecido por la decadencia de la fachada principal y las de los costados de la Estación, la suciedad y las ventanas rotas, las estatuas de los grandes inventores que contribuyeron al desarrollo del ferrocarril dañadas, las paredes de ladrillos cubiertas de vegetación (un proceso que, seguramente, no contribuirá a la conservación de los edificios), el abandono de los andenes, playa de maniobras y depósitos. Un espectáculo que dice mucho sobre las autoridades encargadas de tutelar el patrimonio histórico y cultural de nuestro país.

También revela demasiado acerca del nivel cultural de todos los uruguayos que contemplan impávidos, tal desastre. Los turistas extranjeros sencillamente no pueden concebir semejante descuido.

Las causas del deterioro de la Estación Central son conocidas y complejas.

Pero el verdadero desafío no es lo que sucedió, que ya no se puede remediar, sino el futuro. Todos sabemos que si no se actúa de una vez por todas, con responsabilidad y con eficacia, el proceso de deterioro continuará y, seguramente, en algún momento se producirán daños graves e irreversibles a una estructura que debe ser preservada para las generaciones futuras.

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