Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Una semana interesante

El martes pasado, durante la primera reunión de este año del Comité Binacional de la Hidrovía del Río Uruguay, el canciller uruguayo declaró que “La Hidrovía del Río Uruguay es el primer tema que Uruguay impulsará en la agenda binacional con Argentina”. La afirmación llamó la atención.

El martes pasado, durante la primera reunión de este año del Comité Binacional de la Hidrovía del Río Uruguay, el canciller uruguayo declaró que “La Hidrovía del Río Uruguay es el primer tema que Uruguay impulsará en la agenda binacional con Argentina”. La afirmación llamó la atención.

Más de uno debe haberse preguntado ¿por qué no incluyó entre los puntos prioritarios de la agenda bilateral con Argentina otros temas igual, o aún más urgentes, que el río Uruguay? La respuesta no se demoró.

El jueves, en la Comisión Permanente, el canciller se refirió específicamente a las medidas argentinas que impiden que cargas de ese país pasen por el Puerto de Montevideo y admitió que “es una agresión directa a los puertos uruguayos y que discrimina exclusivamente a los prestadores de servicios uruguayos, perjudicando además a los exportadores argentinos”. Agregó que la medida hacía que “no se respeten las normativas sobre integración entre los dos países”.

Es alentador que nuestro país impulse el proyecto de una Hidrovía del río Uruguay. Pero, las afirmaciones ministeriales en el Comité Binacional coincidieron con el anuncio de que el Puerto de Montevideo sigue perdiendo contenedores en tránsito debido a las medidas discriminatorias de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables de la Argentina, y con la nota en la página Marítimas de El País, sobre las consecuencias que tiene la disposición de la Prefectura Naval Argentina sobre el tamaño de los convoyes de barcazas que navegan por la Hidrovía, con destino a Nueva Palmira.

A lo que podríamos sumar las demoras del proyecto de profundizar los canales de Martín García y el anunciado nuevo canal de Punta Indio.
Esas medidas argentinas sobre navegación y puertos son de diferentes naturalezas. Nadie pone en duda el derecho soberano de ese país de tomarlas, dentro del marco del Derecho internacional y de los tratados aplicables. Pero, miradas en su conjunto, cada una a su manera, las medidas se suman y perjudican los puertos uruguayos y los servicios de transporte marítimo y fluvial que los utilizan.

Y, como resultado innegable, dañan el comercio exterior de bienes y servicios de nuestro país.

La medida sobre cargas en tránsito contradice el Tratado de Asunción. Este implica la “libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre los países, a través, entre otros, de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías y de cualquier otra medida equivalente”.

La idea fundamental de los autores del acuerdo era: “nos integramos y todos ganamos”. Nuestro país se jugó a esta visión del Mercosur. Pero el ideal se ha frustrado por las políticas de una Parte del Tratado que ha optado por retornar a las primitivas ideas proteccionistas de la década de 1960 que pueden resumirse en: “yo gano, tu pierdes”.

En este caso, el que pierde es el Uruguay.

Es bueno negociar. Pero también debemos actuar. Si se piensa que profundizar los canales del río Uruguay o los de Martín García es esencial para nuestro desarrollo económico, existe la opción de emprender las obras por nuestra cuenta. Mejoremos el Puerto de Montevideo y sus accesos.

Porque la enseñanza de los hechos es clara “Nada podemos esperar si no es de nosotros mismos”.

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