Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Tiene razón

El puerto de Buenos Aires recupera los contenedores paraguayos que había migrado a Montevideo en los últimos años.

En enero, el presidente del Centro de Armadores Fluviales y Marítimos del Paraguay (CAFYM), Juan Carlos Muñoz, informó que durante el año 2018 el movimiento de transbordo de carga paraguaya se dividió en 120.000 TEUS que pasaron por Buenos Aires y 100.000 TEU movidos por Montevideo. Muñoz explicó que el congestionamiento de buques producido en Montevideo en la segunda mitad del año 2017 había afectado “los transbordos de importación-exportación de Paraguay”.

Ello trajo como consecuencia que “En octubre de 2017 una buena parte de la carga migró hacia Buenos Aires y esa situación se mantuvo durante 2018”.

Una de las características que más distinguen al Puerto de Montevideo es la importancia del movimiento de contenedores en tránsito y transbordo que en el período 2006-2018 representaron entre el 53,1% y el 47% de su movimiento total de contenedores. Esta es una diferencia con los demás puertos en la región, que sirven principalmente el comercio exterior de su hinterland nacional. En cambio Montevideo es un exportador de servicios. Esta es su principal fuerza y, también, su debilidad.

El movimiento de contenedores en tránsito o transbordo de Montevideo fue de 380.855 TEU en el 2015 (46,9% del movimiento total de contenedores); 513.513 TEU en el 2016 (58%); 556.247 TEU en el 2017 (59,2%); y 417.756 TEU (52,4%) en el 2018. Entre estos dos últimos años el movimiento disminuyó en aproximadamente 138.000 TEU. No es poca cosa.

Esa disminución del movimiento de contenedores paraguayos puede ser un síntoma de una tendencia más general y de largo plazo que tenga consecuencias para otras cargas. Especialmente si consideramos que las autoridades portuarias argentinas, que parecen haber salido de su letargo, continuarán con su política de atraer cargas paraguayas y del resto de la Cuenca.

Las mercaderías en tránsito o transbordo tienen una gran importancia para Montevideo: representan una exportación servicios; aumentan el volumen del movimiento del puerto (economías de escala); contribuyen a que los exportadores e importadores uruguayos tengan acceso a servicios de transporte marítimo de una calidad que, quizás, no justifique el tráfico de cargas generado por nuestro país; y fortalecen la posición geopolítica de nuestro país en la Cuenca del Plata.

Por lo tanto, el alejamiento de los contenedores paraguayos es un problema de magnitud. Especialmente cuando se consideran las causas de esa pérdida de mercado.

Hace unos días Emilio Cazalá escribió en la sección Marítimas de El País, que era posible que “que a Uruguay le haya preocupado esta pérdida de tránsitos, pero no demasiado, a juzgar por las reacciones tan medidas y ponderadas con que fueron recibidas por todos, aceptándolas como un hecho normal en la actividad portuaria”. Pero, continuó, “nosotros no lo vemos así, 120 mil TEUs que no llegan a los muelles del puerto de Montevideo, es un asunto serio que debiera ser al menos motivo de desvelo”.

Tiene razón.

El alejamiento de las cargas paraguayas que habían concurrido a Montevideo en los últimos años es un grave revés para la comunidad portuario-marítima de nuestro país y, posiblemente aún más grave, revela una preocupante falla en la política de puertos del Gobierno.

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