Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

El punto central

El punto central de la política exterior del Uruguay siempre ha sido el Río de la Plata, ya desde antes de la fundación del Estado Oriental independiente.

Allí converge un conjunto de intereses esenciales para nuestro país. En una primera etapa tuvieron especial importancia los intereses vinculados a la navegación y el comercio y el libre acceso al océano Atlántico, por un lado, y la Cuenca del Plata, por el otro. Luego adquirieron relevancia los vinculados a los recursos minerales en su subsuelo y los relativos a la explotación de sus recursos pesqueros. Ahora tiene cada vez más importancia todo lo atinente a la protección del medio acuático y de la franja costera uruguaya. Esos intereses tienen una enorme importancia política y son esenciales para sectores clave de nuestra sociedad, incluyendo los exportadores e importadores, las empresas vinculadas a la operación de los puertos, la industria turística y los vecinos que habitan la extensa franja costera.

El Uruguay siempre se esforzó en definir marcos jurídicos e institucionales que tutelasen adecuadamente esos valores. Con ese fin se construyeron, conjuntamente con nuestros vecinos platenses, estructuras jurídicas de cooperación que buscan tutelar los intereses comunes de los dos ribereños. El fruto fue el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo. Uno de los elementos centrales de esta estructura jurídica e institucional es un organismo binacional, la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP).

Pero, todo marco jurídico es tan buena como quien lo maneja.La gestión de CARP en las últimas décadas plantea algunas dudas importantes.

La escasa, información sobre la gestión de la Delegación Uruguaya en ese organismo sugiere que a principios del 2009 cambió la política de nuestro país. Otro aspecto que llama la atención es que esta nueva política quedó envuelta en el silencio.

Así tenemos, primero, las decisiones equivocadas en el caso del emisor subacuático que conducirá las aguas contaminadas del Sistema Riachuelo a un punto ubicado a 12 kilómetros de la costa argentina. En este caso, la sociedad civil uruguaya recién se enteró de los desafíos que plantea ese proyecto para el medio acuático y costero como resultado de la campaña emprendida por dos diplomáticos uruguayos, los embajadores Edison González Lapeyre y Carlos Orlando Bonet. De no haber sido por ellos…

Un segundo ejemplo son los errores -algunos dirían horrores- cometidos por la Delegación Uruguaya en CARP, en la tramitación (no uso el término “negociación” deliberadamente) del proyecto para profundizar en Canal de Acceso al Puerto de Montevideo. Aquí nos enteramos del “pequeño” error de un metro de profundidad en la presentación uruguaya, a través de la publicación de documentos oficiales en las redes.

El tercer ejemplo es el segundo emisor que proyecta Argentina en Berazategui. Esta obra tendrá una longitud de 7,5 kilómetros. Es decir, entrará en las aguas de uso común del Río de la Plata. Poco sabemos sobre cuál fue la posición de la Delegación Uruguaya cuando se consideró este proyecto en CARP.

Tenemos, entonces, que no solamente se han tomado decisiones desafortunadas, sino, aún peor, que la buena gobernanza ha brillado por su ausencia en asuntos que tocan intereses de largo plazo de toda nuestra sociedad.

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