Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

¿El fin del principio?

En los últimos días se produjeron varios acontecimientos que podrían anunciar un cambio en la situación venezolana.

Por una parte se encuentran las conversaciones bilaterales entre los Estados Unidos y Rusia. Por la otra tenemos el amplio proceso de negociación en torno del Grupo Internacional de Contacto (GIC) y otros foros. Los dos procesos se encuentran vinculados entre si.

Las medidas aplicadas por los Estados Unidos en los últimos meses, y el prospecto de que el gobierno de Trump y sus halcones se embarquen en políticas aún más radicales, pueden operar como un incentivo para que Maduro y su régimen se muestren proclives a escuchar la tenue voz de la razón (aunque solo sea para ganar un tiempito más en el poder).

Los procesos de negociación le ofrecen a Maduro un camino de diálogo para salir del tembladeral en que se ha metido. Esos procesos incluyen el Grupo de Lima y el GIC. El GIC se reunió en Costa Rica los días 6 y 7 de mayo y emitió una declaración política. La semana pasada el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega emitió un comunicado en donde informa que había “tenido contactos preliminares con representantes de los principales actores políticos de Venezuela, en una fase exploratoria, con el objetivo de apoyar la búsqueda de una solución a la situación del país”. Casi simultáneamente, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba expresó la disposición de este país de apoyar “iniciativas que promuevan el diálogo respetuoso” con el gobierno venezolano.

Una misión del GIC se reunió con Maduro el jueves pasado. El gobernante bolivariano nuevamente demostró que vive en su propio mundo paralelo en el que habla con los pajaritos y viaja al futuro (de donde, lamentablemente, insiste en retornar). Escribió en su cuenta de Twitter: “Importante reunión con el Grupo Internacional de Contacto que visita Venezuela. Les expresé mi disposición de resolver las diferentes internas por la vía del diálogo y conversamos sobre las agresiones económicas del imperio de los EE.UU. en contra de nuestro Pueblo”.

Aparentemente no había leído la declaración del Grupo.

El GIC puso énfasis en el principio de no intervención pero, también, dejó claro que éste tiene sus límites. Aunque, afirmó, la solución debe venir de los propios venezolanos, al mismo tiempo “la comunidad internacional tiene el deber y la responsabilidad de contribuir a crear las condiciones para que en Venezuela prevalezcan la paz, la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos”. En términos menos diplomáticos, Maduro no tiene el derecho de utilizar el principio de no intervención para cubrir las violaciones de los derechos humanos que cometen sus esbirros.

Y esas violaciones son muchas.

Incluyendo, menciona la declaración, las actividades de los grupos armados, “los actos de violencia contra periodistas”, y “los procesos judiciales viciados designados a criminalizar la protesta y las opiniones políticas”. Para el GIC, “La Asamblea Nacional, elegida democráticamente y presidida por Juan Guaidó, debe seguir siendo el centro de la vida política del país”.

Recordando una frase de Churchill, estos hechos posiblemente no son un síntoma del final de Maduro y de su régimen, ni siquiera del principio de su final, pero seguramente marcan el final del principio.

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