Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Pobre Ciudad Vieja

La Ciudad Vieja ha sido objeto de sucesivos proyectos para revivirla, que no han conseguido detener la hemorragia de vecinos y de actividad económica que sufre. Esa pérdida viene de lejos y persiste, a pesar de tanto papel, tinta y materia gris aplicados por sucesivas generaciones, a la noble empresa de rescatar el barrio. Es hora de pensar en otras estrategias.

La Ciudad Vieja ha sido objeto de sucesivos proyectos para revivirla, que no han conseguido detener la hemorragia de vecinos y de actividad económica que sufre. Esa pérdida viene de lejos y persiste, a pesar de tanto papel, tinta y materia gris aplicados por sucesivas generaciones, a la noble empresa de rescatar el barrio. Es hora de pensar en otras estrategias.

La clave de cualquier barrio es su gente. Los autores del nuevo proyecto para revitalizar la Ciudad Vieja (El País, domingo 24 de julio) han puesto al descubierto que en el barrio histórico de Montevideo existen varios lugares que son de paso y no de convivencia. Esto seguramente ha sido así desde que comenzó la demolición de las murallas para construir, primero, la ciudad nueva y, luego, la sociedad nuevísima.

La Ciudad Vieja tiene dos grandes poblaciones: los vecinos, las personas que residen y viven en ella, y las personas que la recorren por razones de trabajo, para realizar compras o simplemente como visitantes.

La población residente de este barrio disminuye por lo menos desde la década de 1960. La Ciudad Vieja tenía 39.365 habitantes en 1963, 36.355 en 1975, 31.649 en 1985, 25.991 en 1996 y 12.555 en el 2011. Hoy probablemente son menos.

Es razonable pensar que la cantidad de personas que ingresan a ella durante el día también decayó a través del tiempo, a medida que las actividades económicas dejan el barrio por ambientes más propicios. Basta recorrer las calles de la Ciudad Vieja para comprobar la cantidad de edificios convertidos en tugurios o que están abandonados. Una causa del cambio de la dinámica de la parte norte del barrio, ha sido la evolución del transporte marítimo y de la actividad portuaria. Hoy, el Puerto de Montevideo mueve muchísima más carga pero con mucho menos personal.

Los problemas que enfrenta el barrio incluye el éxodo de vecinos, de los negocios y de las oficinas públicas, la inseguridad y la falta de limpieza. Algunos de estos problemas están siendo enfrentados con cierta eficacia (por ejemplo, la seguridad).

En el caso de la Ciudad Vieja existen dos grandes estrategias posibles para darle nueva vida: concebir un barrio histórico conservado en una especie de limbo social y económico (un ejemplo de este enfoque sería el caso de la Colonia del Sacramento), o insuflarle vida al barrio para revertir, o por lo menos mitigar, el éxodo de sus habitantes y quienes allí trabajan. La primera solución no parecería ser aplicable en el caso de la Ciudad Vieja (seguramente sería contraproducente). Solamente parece viable la segunda opción.

Cambiar veredas normales por una superficie homogénea y ahistórica de gris cemento no puede ser considerado como un aporte significativo para revivir el barrio. Lo mismo sucede con la política de reservar espacios para bicicletas. Tampoco contribuiría el convertir a la Ciudad Vieja en un espacio completamente “peatonalizado”.

Para revivir a la Ciudad Vieja se necesita darle nueva vida económica.

Es cierto que esta estrategia plantearía problemas importantes. Por ejemplo, conciliar la prioridad de tutelar el legado histórico con la necesidad de construir mejores viviendas o edificios adecuados para las necesidades de las oficinas actuales. Pero es la única viable.

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