Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Se pierden muchos más

El País del viernes dio a conocer el contenido del acta de una reunión que tuvo lugar el 25 de mayo en el Consejo de Educación Secundaria. Entre otras bellezas, la nota revela la preocupación del presidente de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), quien habría afirmado: “Nosotros tenemos un dato. En primer año entran 50.000 y a fin de año perdemos 10.000, esto es insostenible”.

El País del viernes dio a conocer el contenido del acta de una reunión que tuvo lugar el 25 de mayo en el Consejo de Educación Secundaria. Entre otras bellezas, la nota revela la preocupación del presidente de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), quien habría afirmado: “Nosotros tenemos un dato. En primer año entran 50.000 y a fin de año perdemos 10.000, esto es insostenible”.

La nota periodística demuestra el nivel de transparencia y responsabilidad (lo que en inglés se llama accountability) de las autoridades de la enseñanza hacia la sociedad civil. Ha sido la prensa la que ha tenido el deber de dar las “buenas noticias” a los ciudadanos que pagan los sueldos de esos funcionarios, a partir de un acta de una reunión celebrada en el mes de mayo.

El presidente de ANEP se quedó corto. En realidad, Secundaria pierde muchos más alumnos.

El informe “Logro y nivel educativo alcanzado por la población 2015” elaborado por la Dirección de Educación del Ministerio de Educación y Cultura, suministra información acerca del nivel máximo de asistencia a algún establecimiento de enseñanza conseguido por jóvenes de hasta 22 años de edad.

El nivel de asistencia alcanza su nivel más alto en el caso de los escolares de nueve años de edad (100%, en el 2015). A partir de esa edad la proporción de jóvenes que estudian comienza a caer: fue de 93,2% en el caso del grupo de 14 años; 76,9% en el de 17 años; y 56,6% en el de 19 años; y 33,6% en el caso del grupo de 22 años de edad. Es cierto que estos datos no se refieren exclusivamente a los alumnos de Secundaria, pero está claro que esta es el umbral donde se “pierde” la mayoría.

El nivel de deserción es mucho más alto en el caso de los jóvenes pertenecientes a las familias más pobres.

Es posible utilizar la proporción de la población que completó la educación universitaria (o de tercer nivel) como un indicador de la calidad y equidad del sistema de enseñanza.

En nuestro país, el nivel educativo más alto alcanzado por las personas de 25 años o más es el siguiente: 36% solamente cursó primaria; el 21% cursó la enseñanza media básica (que incluye la enseñanza media básica incompleta, 9,9%, y completa, 11,1%); el 23,1% la enseñanza media superior (completa o incompleta); y solamente el 19,3% la enseñanza terciaria. Esta última cifra se divide, como en los casos anteriores, en enseñanza terciaria incompleta (7,9%) y completa (11,4%).

En síntesis: el 46,6% de las personas mayores de 25 años solamente acudieron a la enseñanza primaria y a la media básica incompleta.

A lo que deberíamos sumar los resultados de las pruebas PISA sobre la calidad de esa enseñanza.

En contraste, la proporción de personas mayores de 25 años que alcanzaron un nivel terciario fue de 34% en el caso de Dinamarca; 39% en el de Finlandia; 39% en el de Nueva Zelanda; 38% en el de Noruega; y 35% en el de Suecia. El promedio de los países de la OCDE es 32%. Lo países con mejores niveles de desarrollo humano también tienen los niveles más altos de calidad de enseñanza.

En nuestro país, la enseñanza consigue tres hazañas: desperdiciar la principal riqueza natural de que disponemos, la materia gris de nuestra gente, frustrar jóvenes y acentuar la inequidad social.

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