Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Una pésima decisión

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, suspenderá por 60-90 días los aportes de su país a la Organización Mundial de la Salud (OMS) mientras investiga lo que describe como mal manejo de la pandemia de coronavirus.

Es una decisión preocupante en sí misma y, también, porque puede anticipar un retiro de ese país de la OMS. Es una decisión inoportuna que puede ser calificada como un intento para evadir la responsabilidad por sus errores en el manejo de la crisis.

La decisión perjudicará, en el peor momento, a una organización internacional que ya pasa por serios problemas de financiación y que en los últimos tiempos ha hecho esfuerzos considerables para mejorar su funcionamiento.

La OMS es el resultado de un largo proceso de construcción institucional emprendido por la comunidad internacional para enfrentar la difusión de enfermedades por encima de fronteras, ideologías y sistemas políticos. La experiencia de las epidemias del siglo XIX (que también golpearon a nuestro país) condujo al establecimiento de la Oficina Internacional de higiene pública (Office International d'Hygiène Publique-OIHP) en 1907, con sede en París. Después de la Primera Guerra Mundial la Liga de las Naciones creó un organismo técnico para considerar los aspectos de la salud pública que interesaban a todos los países. La pandemia de la gripe española había hecho especialmente urgente mejorar la cooperación internacional en esta materia. La oficina técnica de la Liga y la OIHP fueron integradas en la Organización Mundial de la Salud, creada el 7 de abril de 1948 como una agencia especializada de las Naciones Unidas.

La OMS es una organización internacional producto de la evolución de largo plazo en la convivencia civilizada entre los países, responde a una necesidad fundamental y refleja los intereses compartidos por toda la Humanidad de unirse para enfrentar eficazmente una amenaza compartida.

El presidente Trump proclama que siempre pondrá en primer lugar el bienestar de los Estados Unidos (“I will always put the well-being of America first”). Una afirmación bien poco original. Defender el interés nacional es la prioridad de cualquier gobierno en cualquier país.

Lo que parece estar fuera del alcance de sus entendederas es que los virus no conocen de fronteras y que la mejor defensa contra una pandemia es actuar en forma coordinada con el resto del planeta para atacarlos a tiempo donde sea que se encuentren. Y esto requiere de instituciones con un alcance global, como la OMS.

La decisión de Trump puede ser vista como un intento para atenuar su responsabilidad por su mal manejo de la crisis sanitaria.

El presidente ignoró durante semanas críticas las comunicaciones de la OMS, las terribles experiencias de España y Francia, y las advertencias de sus propios asesores. Ahora, al escribir estas líneas, se han confirmado que, de los más de dos millones de casos en todo el mundo, 645.621 corresponden a los Estados Unidos (29.216 muertes). Todo esto sucede cuando se aproximan las próximas elecciones presidenciales.

La pandemia recién entra a las regiones más pobres de nuestro planeta que son las que más dependen del apoyo de la OMS.

Ya llegará el momento para extraer las lecciones de esta crisis.

Pero ahora la prioridad es reforzar la cooperación internacional.

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