Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Una mala idea

La idea de enfocar a la política exterior uruguaya como un conjunto de círculos concéntricos tiene mucho a su favor. La primera prioridad son nuestros vecinos inmediatos, luego el Mercosur, luego el Cono Sur y así sucesivamente.

Podrá discreparse en el orden de los diferentes círculos, pero parece indudable que el punto central de ese tablero político son el Río de la Plata y el Frente Marítimo. Estos espacios tienen una importancia vital en varios respectos, incluyendo la navegación fluvial y marítima; la explotación de los recursos naturales; la conservación del medio acuático; y la defensa nacional.

Cuando se consideran esos intereses se hace realmente difícil comprender las hazañas de la diplomacia uruguaya en el Río de la Plata desde principios del año 2009 (cuando se dio el visto bueno sin más consultas, ni garantías ambientales, para la construcción del emisor subacuático).

En ese panorama se destaca la propuesta de incorporar a nuestro país al proyecto de Canal Magdalena que Argentina se propone construir en Río de la Plata.

Básicamente, la Delegación Argentina ante CARP comunicó en abril de 2014 a este organismo el proyecto para el nuevo canal. La Delegación Uruguaya, luego de haberse seguido el procedimiento establecido en los artículos 17-22 del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo dio su visto bueno. Hasta aquí, era suficiente.

Sin embargo, antes de ello, en diciembre de 2015, resolvimos hacer uso de la opción establecida en el artículo 19 del Tratado de “optar por participar en igualdad de condiciones en la realización de la obra”. Esta opción supondría no solamente involucrarnos en la construcción de esa vía de agua sino también participar en su administración.

Los canales no son solamente proyectos de ingeniería o emprendimientos económicos, también tienen una fuerte dimensión política y estratégica. Especialmente en el caso del canal principal de navegación del Río de la Plata que comunica los puertos del Paraná con el océano y que Argentina construye, mantiene y administra a muy alto costo desde hace más de un siglo. El Canal Magdalena no existe por si mismo, es el umbral de aquel sistema. Por eso es bueno tener presente que, si bien nuestro país tiene intereses vitales en el Río de la Plata, Argentina también los tiene. Por algo está el artículo 12 del Tratado.

¿Qué se pretendía conseguir al ejercer la opción prevista en el artículo 19 del Tratado?

En principio, no hay nada de malo en embarcarnos con nuestro vecino platino en la construcción y administración de proyectos de gran envergadura de este tipo. Allí tenemos el sistema de canales de Martín García, administrado por CARP. Pero, en este caso, existía otra geografía, una historia diferente, condiciones previas muy particulares, intereses convergentes, un prolongado proceso de negociación y una particular coyuntura política que convergieron en un acuerdo entre los presidentes de los dos países. Nada de esto existió en este caso.

No parece lógico que Uruguay destine una parte importante de sus limitados recursos a concretar un proyecto que, si entrase en servicio, seguramente, perjudicará a Montevideo. Ello cuando debemos encarar la profundización del Canal de Acceso a este puerto, atraer más cargas, e, incluso, encarar el mantenimiento del Canal Punta Indio.

De la que nos salvamos…

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