Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Intereses vitales

El gobierno impulsa el proyecto para un puerto pesquero chino a poca distancia del Puerto de Montevideo (primero en Punta Yeguas, ahora se habla de Punta Sayago).

A pesar de que es un asunto que toca importantes intereses de nuestro país, la información oficial brilla por su ausencia. Tanto que, a veces, parecería que ese silencio es una estrategia para evitar una discusión pública y bien informada del proyecto y llegar a una situación de hecho consumado. No sería la primera vez, recordemos el caso de UPM.

Tal conducta del gobierno sería inaceptable porque se trata de una propuesta que puede aparejar considerables perjuicios para el Uruguay, los que se extenderían por décadas en el futuro.

Se habla de "puerto pesquero" pero, de acuerdo a lo publicado por Búsqueda el jueves pasado, "el proyecto del puerto chino prevé 1.500 metros de atraque y dos astilleros". Su propósito, continúa la nota, "es ser una base de aprovisionamiento y reparación de buques pesqueros de altura, de toda la flota que está desperdigada en el Atlántico Sur, no solo de buques chinos, sino de Taiwán, Corea, Japón, España y Uruguay también".

El puerto contaría con "cámaras frigoríficas para poder almacenar la mercadería que pueda traer algún barco averiado". Un comentario: los buques pesqueros de terceros países no están "desperdigados" por el Atlántico Sur, están concentrados a partir de la milla 201 para pescar recursos transzonales.

También se ha mencionado un amarradero para buques de hasta 50.000 toneladas (¿qué buques pesquero tiene ese tonelaje?). Los técnicos también mencionan la necesidad de una escollera y está el tema del canal de acceso.

Lo que se propone, entonces es un puerto propiedad de una empresa china situada en un punto estratégico del Atlántico sudoccidental y sobre el umbral de la Cuenca del Plata.

Ello conduce a la pregunta (que no se ha respondido) de ¿qué especies capturarán esos buques pesqueros y donde?

Desde el punto de vista de la empresa china, la lógica del proyecto es clara. Una base sobre el Río de la Plata aumentaría significativamente la eficiencia de sus buques pesqueros. Menos buques pescarán más.

La perspectiva es diferente cuando examinamos el proyecto desde el punto de vista de nuestros intereses marítimos, portuarios y pesqueros, y desde la perspectiva de nuestras naturales obligaciones de buena vecindad hacia nuestros vecinos en la región.

A través de décadas, nuestro país ha mantenido una política marítima sensata y pionera. Junto con otros países latinoamericanos ha impulsado la expansión de los derechos de los Estados costeros mar afuera del clásico límite exterior del mar territorial y la creación del instituto de la zona económica exclusiva de 200 millas.

Ese movimiento de expansión de los derechos de los países costeros (que permanece) se funda en la interacción que existe entre la masa continental y los espacios marítimos adyacentes. Esa relación es especialmente estrecha y directa en el caso del Atlántico sudoccidental.

El concederle una base de operaciones a la flota de pesqueros a una entidad china (que, parecería necesario repetirlo, es una potencia económica y marítima extra regional) y de otros países de fuera de la región contradice esa política fundamental y perjudica intereses esenciales de nuestro país.

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