Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Interés fundamental

Los países tienen la obligación de proteger sus intereses.

Y esto incluye la protección del medio ambiente. Tanto en una escala global, como regional o nacional. Nuestro país, debido a su ubicación geográfica -la geografía es la madre de la política- enfrenta desafíos especialmente complejos porque comparte con sus vecinos ecosistemas de gran envergadura y complejidad. Dos de esos sistemas son el río Uruguay y el Río de la Plata. La diplomacia uruguaya ha sido muy hábil en ambos casos y -junto con personas igualmente iluminadas en Argentina- ha erigido una estructura de tratados e instituciones que ofrecen instrumentos para tutelar aquellos bienes ambientales.

Un inventario rápido.

Los dos países han suscrito tratados que contienen un completo marco para la protección del medio acuático en el Río de la Plata (Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, 1973) y en el río Uruguay (Estatuto del Río Uruguay, 1975).

De común acuerdo los dos países instalaron organismos gubernamentales binacionales (la Comisión Administradora del Río de la Plata -CARP, y la Comisión Administradora del Río Uruguay- CARU) con amplios cometidos y competencias. En su decisión en el caso de las pasteras, la Corte Internacional de Justicia destacó este marco institucional y afirmó que “al crear CARU y al asignarle todos los recursos necesarios para su operación, las partes buscaron suministrar las mejores garantías posibles de estabilidad, continuidad y eficacia para su deseo de cooperar en asegurar la utilización óptima y racional del río Uruguay”. Lo mismo puede afirmarse en el caso de CARP y el Río de la Plata.

Las dos Comisiones tienen una estructura orgánica suficiente para cumplir con sus cometidos. CARU desarrolla una labor realmente transcendente en el caso de la protección del medio ambiente acuático que se ha plasmado, por ejemplo, en su Digesto. Esta experiencia es perfectamente aplicable al Río de la Plata.

CARP y la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo (CTMFM) condujeron en forma conjunta un importante proyecto de investigación científica y de formulación de políticas para la protección ambiental, con recursos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. El programa FREPLATA presentó un documento de Análisis Diagnóstico Transfronterizo (ADT) y un Programa de Acción Estratégico (PAE) (2007). Pero, quizás aún más importante que estos dos documentos, fue el proceso de elaboración del programa. Este implicó el trabajo conjunto de las Delegaciones de cada país, reunió a los científicos de los dos países en un esfuerzo común y resultó en la producción de numerosos estudios sobre aspectos específicos de la estructura y dinámica del río.

Existe una buena base científica para la elaboración jurídica y la elaboración de consensos políticos.

Pero, el Río de la Plata es inmenso, y como concluyó uno de los estudios generados por FREPLATA, resta mucho por conocer acerca de los patrones de circulación de ese amplio espacio acuático. Y este conocimiento es fundamental para determinar el impacto ambiental que puede llegar a tener el casi terminado emisor subacuático de la vecina orilla que se propone, nada menos, que verter una masa de desechos urbanos e industriales generados en la Cuenca Matanza-Riachuelo, al río que compartimos las dos sociedades.

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