Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Inexplicable

El emisor subacuático que construye Argentina en el Rio de la Plata es uno de los proyectos más importantes en que participa el Banco Mundial.

Se trata de un complejo sistema de recolección de residuos líquidos -tratamiento parcial- vertimiento en el río que, por su propia naturaleza, debe estar sujeto a un adecuado control de impacto ambiental en todas sus etapas. Desde la elaboración del proyecto hasta su funcionamiento. Y esta última etapa es, quizás, la más importante.

No basta con los estudios sobre impactos ambientales potenciales durante la etapa de planificación, o incluso durante la construcción, la etapa crítica será la del funcionamiento durante la vida útil del emisor. Será entonces, cuando las previsiones de quienes concibieron la obra se enfrentarán al desafío de las circunstancias reales, tan cambiantes y dinámicas, del Río de la Plata. Por ejemplo, están las decisiones sobre la administración, características de los vertimientos y mantenimiento del sistema.

Es por esos motivos que se necesitan controles eficaces, constantes y de largo plazo luego de que la obra entre en funcionamiento. Estos controles tendrán una doble finalidad: asegurar que el sistema no contamine y demostrar a las sociedades civiles en ambas orillas que no se contamina. En esta materia, la experiencia acumulada en el río Uruguay - a un alto costo- es perfectamente relevante. Por qué no se ha hecho hasta ahora es uno de los misterios de la política exterior uruguaya.

El Uruguay tiene más que un interés legítimo en instalar un sistema eficaz, binacional y continuo de control de los vertimientos de residuos que se realizarán a través del emisor.

Nuestro país tiene el deber de evitar la contaminación del río. “Cada Parte -dice el Tratado- será responsable frente a la otra por los daños inferidos como consecuencia de la contaminación causada por sus propias actividades”. En realidad, el Tratado es más amplio que eso porque estipula que las Partes se obligan a “proteger y preservar el medio acuático y, en particular, a prevenir su contaminación”. Este concepto se repite en la enumeración de los cometidos de CARP. Esta, debe promover “la realización conjunta de estudios e investigaciones de carácter científico, con especial referencia a… la prevención y eliminación de la contaminación y otros efectos nocivos que puedan derivar del uso, exploración y explotación de las aguas del Río”.

La Delegación Uruguay en CARP dio su visto bueno al proyecto argentino en el 2009.

Hace once años.

La sociedad civil uruguaya recién se enteró del proyecto recientemente. Y no desde CARP o el Ministerio de Relaciones Exteriores o DINAMA, sino gracias a las paciente campaña de advertencias y cuestionamientos que emprendieron dos expertos diplomáticos uruguayos que, finalmente, encontraron eco en la sección Qué Pasa de este diario, el pasado agosto.

Cualquier persona más o menos informada estará de acuerdo en que el emisor subacuático que está completando la República Argentina, es un proyecto de infraestructura de gran envergadura que no debería haber pasado inadvertido incluso para el más distraído de los diplomáticos uruguayos o el más ocupado de los funcionarios de DINAMA. Para no hablar de CARP.

Es inexplicable.

Cuanto mayor la demora en actuar, más débil será la posición uruguaya.

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