Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Quien se enoja pierde

En el diccionario de frases célebres de Vicente Vega se relata la historia de un zapatero que asistía a las clases del famoso científico y político Leibniz (1646-1716), en la universidad de Leyden. Alguien, intrigado por la frecuente presencia del humilde zapatero, le preguntó si sabía latín ya que las clases y las discusiones se desarrollaban en esa lengua. El artesano respondió con toda tranquilidad que no solamente no lo hablaba sino que tampoco le interesaba aprenderlo. “Entonces”, le replicaron, “¿a qué viene a las clases si no entiende la discusión?” -“Me gusta ver la discusión”. -“Pero, si no sabe latín nunca sabrá quién tiene la razón”. A lo que respondió, con toda sensatez, el zapatero: “Eso sí, cuando veo que uno se encoleriza, es que no tiene razón”.

La discusión sobre si corresponde recibir a seis cautivos que se encuentran en la prisión que los Estados Unidos tienen en Guantánamo, hizo montar en cólera al presidente de la República y, también, aunque lució un matiz

En el diccionario de frases célebres de Vicente Vega se relata la historia de un zapatero que asistía a las clases del famoso científico y político Leibniz (1646-1716), en la universidad de Leyden. Alguien, intrigado por la frecuente presencia del humilde zapatero, le preguntó si sabía latín ya que las clases y las discusiones se desarrollaban en esa lengua. El artesano respondió con toda tranquilidad que no solamente no lo hablaba sino que tampoco le interesaba aprenderlo. “Entonces”, le replicaron, “¿a qué viene a las clases si no entiende la discusión?” -“Me gusta ver la discusión”. -“Pero, si no sabe latín nunca sabrá quién tiene la razón”. A lo que respondió, con toda sensatez, el zapatero: “Eso sí, cuando veo que uno se encoleriza, es que no tiene razón”.

La discusión sobre si corresponde recibir a seis cautivos que se encuentran en la prisión que los Estados Unidos tienen en Guantánamo, hizo montar en cólera al presidente de la República y, también, aunque lució un matiz más suave de púrpura, al ministro de Relaciones Exteriores. El episodio también reveló, más de lo que parecería conveniente en un período preelectoral, facetas del estilo y sustancia del actual gobierno que trascienden ampliamente los límites del episodio.

Dejemos de lado las referencias al Partido Nacional y a los blancos que hizo el presidente, aunque fueron muchas y subiditas de tono.

Consultado por los periodistas, Mujica respondió: “Las decisiones las voy a tomar yo. Le dije que los cautivos van a venir cuando yo disponga, querido, ¿quiere más claro? Lo va a determinar el presidente de la República y no va a pedir consejos a nadie, nada más a su almohada”.

Lo que dijo el presidente no es correcto. Ni siquiera como una metáfora.

El presidente de la República debe actuar conforme a lo establecido en la Constitución Nacional.

El artículo 149 de la Constitución dice: “El Poder Ejecutivo será ejercido por el Presidente de la República actuando con el Ministro o Ministros respectivos, o con el Consejo de Ministros”. La Constitución dedica un capítulo entero al Consejo de Ministros (artículos 160-167). El artículo 168 establece que “Al Presidente de la República, actuando con el Ministro o Ministros respectivos, o con el Consejo de Ministros”, le corresponde…” y luego enumera sus cometidos.

La Sección X (artículos 174 -184) se refiere a los “Ministros de Estado” y estipula que “El Ministro o Ministros serán responsables de los decretos y órdenes que firmen o expidan con el Presidente de la República”. Las atribuciones de los ministros incluyen, en primer lugar, “hacer cumplir la Constitución, las leyes, decretos y resoluciones” y, en segundo lugar, “preparar y someter a consideración superior los proyectos de ley, decretos y resoluciones que estimen convenientes”.

El presidente siempre debe actuar “con” sus ministros. Estos no son figuras decorativas o simples secretarios. Tienen un conjunto amplio de deberes y responsabilidades.

La Constitución no le asigna ninguna función a la almohada presidencial en nuestro sistema de gobierno democrático republicano. Más bien, si se consulta la Constitución, se encontrará que los constituyentes se esforzaron especialmente en asegurar que el presidente siempre actúe conjuntamente con sus ministros.

Y estas no son sutilezas. Son principios básicos de nuestra democracia.

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