Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Emigración venezolana

La diáspora venezolana es un desafío para la región. "La República Bolivariana de Venezuela tradicionalmente ha sido un país de destino de miles de migrantes provenientes de Europa y América del Sur".

Ahora, "recientes factores económicos y políticos han invertido estos patrones". Un informe pone el dedo en la llaga: la causa del problema no es la falta de recursos ni una catástrofe natural. Es un producto de la acción humana: el chavismo y su sucesor el madurismo.

La diáspora venezolana aumentó desde el 2015, con dos características nuevas: primero, la corriente migratoria se dirige principalmente al resto de la región; segundo, ya no se trata de personas más acomodadas, profesionales y técnicos (como sucedió con los ingenieros petroleros) que se dirigían a los Estados Unidos o los países europeos, sino de personas más humildes que eligen el riesgoso camino del exilio por vía terrestre.

Según la OIM, los venezolanos en el exterior pasaron de 437.280 en el año 2005, a 697.562 en el 2015, y 1,6 millones el 2017. La cantidad de venezolanos residente en los países de América del Sur se incrementó de 54.616 en el 2005, a 88.975 en el 2015, y 885.891 el año pasado. La mayor parte de ese contingente se radica en Colombia pero en los últimos años aumentó el número que opta por países más distantes. Como el Uruguay. El Gobierno de Ecuador estima que este año entraron más de 600.000 venezolanos a ese país, de los cuales permanecen 215.000, el resto siguió su camino hacia Perú y Chile.

En este panorama, tan triste, existe una luz: la reacción positiva en nuestra región que, a pesar de algunas excepciones, se esfuerza en recibir de la mejor manera posible a los hermanos venezolanos.

La semana pasada se produjeron tres acontecimientos que indican que los países de la región, finalmente, han comprendido la magnitud del desafío humanitario que enfrentan y que, todo parecería indicarlo, continuará algún tiempo más.

El primero es la Declaración conjunta para el desarrollo de una respuesta regional a la llegada masiva de personas venezolanas a países del continente americano, emitida por varios organismos internacionales, incluyendo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Comité de Protección de los Derechos de los Trabajadores Migratorias y de sus Familiares de la ONU; el Comité sobre los Derechos del Niño de la ONU; y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

El segundo, es la Declaración de Quito sobre Movilidad Humana de ciudadanos venezolanos en la Región, aprobada por una reunión técnica celebrada en Quito y en la que participaron Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú y nuestro país.

El tercero, fue la sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA para analizar "la crisis migratoria originada por la situación en la República Bolivariana de Venezuela".

Para cualquier persona sensata es inexplicable como Venezuela, poseedora de inmensos recursos naturales (incluyendo, una de las principales reservas petroleras del globo), que por décadas recibió inmigrantes, ahora expulsa a su principal riqueza, a su gente. Pero, entonces, la cleptocracia madurista y el progresismo real no tienen nada que ver con la sensatez. Ni con la realidad.

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