Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Elemental Watson

El presidente Trump persiste en limitar las competencias de la Agencia para la Protección Ambiental (Environmental Protection Agency) de su país y en destruir el Acuerdo de París, uno de los muy limitados avances realizados por la comunidad internacional para contener el cambio climático.

Ahora, el futuro ministro de Relaciones Exteriores del Brasil ha proclamado en su blog que el cambio climático y el calentamiento global son conspiraciones pergeñadas como parte de un "complot de marxistas culturales" y agregó que esos conceptos científicos se emplean "para justificar el aumento del poder regulador de los Estados sobre la economía" y la influencia de los organismos internacionales sobre los Estados nacionales y sus poblaciones.

Conceptos muy poco originales que llaman la atención en el caso de una persona que ocupará un cargo tan importante porque, entre otras cosas, ignora el hecho obvio de que el clima global no reconoce fronteras y que, en muchos casos, la única forma de enfrentar el problema es trabajando juntos en un nivel regional, continental, o global. Algo que quedó demostrado en el caso de la destrucción de la capa de ozono sobre la Antártida.

Ese proceso se debe a la emisiones de determinados gases industriales (CFCs livianos) principalmente en el Hemisferio Norte. Como resultado de los complejos procesos en la alta atmósfera, esos gases se concentraron primero sobre la Antártida, en el Hemisferio Sur. Al principio, los grandes fabricantes y consumidores de esos gases, que se encontraban en el Hemisferio Norte, se negaron a tomar medidas. Hasta que comenzaron a aparecer agujeros en la capa de ozono sobre sus cabezas. En ese momento cambiaron de opinión y se pusieron de acuerdo para eliminar los CFCs livianos en el Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono (1985) y el Protocolo de Montreal (1987). El Convenio ha sido ratificado por 197 Estados, incluyendo el Vaticano y es muy exitoso.

Ese ejemplo demuestra tres cosas: (a) el ser humano puede modificar elementos esenciales del complejo sistema de la atmósfera; (b) las consecuencias de sus acciones pueden producirse en lugares muy distantes y de formas inesperadas como resultado de cadenas causales que superan las fronteras políticas de los Estados; y (c) en esas circunstancias la acción aislada de un país no basta para resolver el problema.

La única forma de resolver problemas en una escala global es mediante la cooperación entre los Estados en una escala igualmente global.

Elemental Watson.

Es curioso que esos ejemplos de ignaro negacionismo del cambio climático se produzcan cuando, por una parte, la comunidad científica mundial, reunida en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), avanza cada vez más en el conocimiento de los complejos mecanismos del clima de nuestro planeta; y, por la otra, se están produciendo eventos climáticos de creciente gravedad.

El cambio del clima global es un desafío económico, político y social de primera magnitud. Un reciente informe del B. M. concluye que el impacto de ese proceso en las regiones más pobladas podría causar movimientos masivos de emigración. Para tener una idea de lo que ello significa, basta ver lo que está sucediendo en el Mediterráneo.

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