Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Dime lo que opinas…

Un gobierno que anula la libertad de expresión, proscribe a los opositores, desplaza a los órganos previstos en la Constitución, aterroriza y oprime a los ciudadanos, es una dictadura. El gobierno de Venezuela cumple con todos esos requisitos (y agrega unos cuantos más, por ejemplo, la característica de ser una cleptocracia).

La situación en Venezuela tiene dos grandes facetas.

La primera es la tragedia que diariamente deben enfrentar los venezolanos dentro y fuera de su país.

La segunda es la posición que toman los diferentes países en la región respecto de lo que sucede en Venezuela. Y, podríamos agregar, la forma en que los partidos políticos en cada uno de esos países se ubican ante aquella situación. Este último aspecto es especialmente importante en nuestro caso, cuando entramos en el año electoral.

La situación en Venezuela, y agregaría Cuba o Nicaragua, es una divisoria de aguas.

En una vertiente está la complicidad explícita o implícita con esos regímenes. En la otra vertiente se hallan la censura y la exigencia de que esos gobiernos cumplan con las obligaciones impuestas por el Derecho Internacional general y regional en cuanto a la tutela de los derechos humanos.

Defender los derechos humanos en Venezuela es una forma de protegerlos en nuestro país.

Por esos motivos, el ciudadano uruguayo tiene todo el derecho (incluso el deber) de exigirle a los partidos políticos que definan clara y explícitamente su posición sobre los que sucede en Venezuela.

Y no han faltado definiciones. Por ejemplo lo dicho por la precandidata presidencial frentista Carolina Cosse en el programa periodístico “En la Mira”.

Preguntada si consideraba que Venezuela y Cuba eran dictaduras respondió que no las consideraba así. Porque, dijo, en Venezuela había un presidente electo en elecciones libres. En el caso de Cuba opinó que era una sociedad diferente que había tomado un camino diferente. Un razonamiento interesante que funciona así: como Cuba es una sociedad diferente corresponde aplicarle reglas distintas a las que rigen para los demás países. Aunque ello signifique negarle a los cubanos los derechos humanos que son considerados como naturales en las sociedades democráticas como la nuestra.

En el Uruguay existe una amplia libertad de expresión. Pero respetar esa libertad (que no existe ni en Venezuela, ni Nicaragua ni Cuba) no significa aceptar en forma acrítica las opiniones emitidas en ejercicio de ella.

¿Es razonable afirmar que “debemos dejar que los venezolanos resuelvan sus propios problemas”, cuando en ese país no existe libertad? Los uruguayos sabemos muy bien que no alcanza con el ejercicio formal del voto, también importan las condiciones materiales en que se desarrolla el proceso político antes, durante y después del acto electoral. Sostener que las elecciones venezolanas fueron “libres” muestra, en el mejor de los casos, una falta de conocimiento acerca de lo que sucede en ese país o, quizás, revela un concepto específico de “democracia” que no compartimos.

Definirse ante lo que sucede en Venezuela implica revelar lo que realmente se piensa acerca de institutos tan fundamentales como los derechos humanos, la democracia republicana y la organización de la economía. Dime lo que opinas sobre Venezuela y te diré qué realmente piensas para el Uruguay…

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