Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Difícil de explicar

He retornado varias veces a la nota publicada en la sección Que Pasa de El País, referente al emisor subacuático que construye Argentina para verter los deshechos generados en la amplia Cuenca Matanza-Riachuelo en las aguas de uso común del Río de la Plata. 

Cuanto más la leo, más me inquieta. En varios respectos.

Uno de ellos son las afirmaciones del director de la Dirección Nacional de Medio Ambiente de nuestro país, de que “la obra argentina es un tema ‘todavía pendiente’ y que la “información que poseen ‘es más que nada la información periodística que ha salido en los medios’ y señala que su cartera no ha tenido más acercamiento de información”.

No es necesario enumerar datos estadísticos para resaltar la importancia del Río de la Plata.

Basta mencionar que el litoral uruguayo entre Punta Gorda hasta Punta del Este tiene unos 350 kilómetros de longitud, alberga la mayor parte de los uruguayos y es el escenario de una gran proporción de su actividad económica y de su vida social. A lo que se suman los espacios acuáticos adyacentes -y sus ecosistemas- sobre los cuales nuestro país ejerce derechos y, también, tiene obligaciones.

Pero, lo que más llama la atención es que hasta unos años, nuestro país, de común acuerdo con nuestro vecino, impulsó una serie de iniciativas para tutelar el medio del Río de la Plata. Con ese fin se buscó aumentar el conocimiento científico sobre ese espacio acuático y sus ecosistemas, difundir ese conocimiento en el seno de las dos sociedades, desarrollar el marco jurídico e institucional binacional y los marcos nacionales y aportar otras formas al desarrollo sustentable de aquel espacio acuático y sus cuencas. ¿En qué quedó tanto esfuerzo personal y material?

Ya en 1994, la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP) y la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo (CTMFM) acordaron trabajar conjuntamente para realizar estudios sobre el medio acuático de sus respectivas áreas de competencia. De esta forma las dos comisiones reconocían la unidad esencial de los ecosistemas del río y del frente marítimo. Cinco años después, en 1999, las Comisiones se embarcaron en el proyecto FREPLATA que, por intermedio del PNUD; obtuvo financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. Los resultados principales de ese proyecto binacional fueron un Análisis Diagnóstico Transfronterizo, presentado en el año 2005, y un Programa de Acción Estratégica para guiar las políticas de los dos países, adoptado en el año 2007.

Siguiendo esos esfuerzos que tanto interesan a nuestro país, la Delegación Uruguaya en CARP propuso a principio del 2008, avanzar en la formulación de un acuerdo para la protección del medio ambiente del río, dentro del marco del Capítulo IX del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo. Esta iniciativa no encontró eco en la parte argentina.

A pesar de ello, en el 2009, el año siguiente, informó el embajador González Lapeyre en la nota de Qué Pasa, “la delegación uruguaya de la CARP aceptó prácticamente a carpeta cerrada” el proyecto argentino para la construcción del emisor subacuático que verterá los deshechos del Sistema Riachuelo a las aguas de uso común del río.

Este episodio no parece haber sido uno de los momentos estelares de la política exterior de nuestro país.

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