Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Difícil de comprender

Nuestro país tuvo tradicionalmente una política exterior de Estado racional cuyo eje central es la defensa del Derecho Internacional como elemento rector de las relaciones internacionales y la protección de los derechos humanos. Sostuvo esos principios porque es lo correcto y, también, porque esas reglas de conducta internacional tutelan sus intereses.

Nuestro país tuvo tradicionalmente una política exterior de Estado racional cuyo eje central es la defensa del Derecho Internacional como elemento rector de las relaciones internacionales y la protección de los derechos humanos. Sostuvo esos principios porque es lo correcto y, también, porque esas reglas de conducta internacional tutelan sus intereses.

Es por ese motivo que estuvo tan equivocada la decisión que tomó el gobierno anterior, conjuntamente con las presidentas de Argentina y Brasil, de suspender a Paraguay del Mercosur para conseguir que Venezuela entrara por la ventana al Tratado de Asunción. El presidente Mujica salió a defender esa derrota de los tradicionales principios de nuestra política exterior argumentando que lo político está por encima de lo jurídico…

Aquellos errores, cometidos en aras del “patriagrandismo” populista, nos están trayendo ahora estos horrores cometidos en lo referente a la situación en Venezuela.

La cadena de desaciertos del gobierno uruguayo en este tema se hace cada vez más larga. Cuando parece que es imposible seguir por ese camino de equivocaciones, se produce un episodio que demuestra lo contrario.

El error más reciente en la serie fue no acompañar la declaración de los ministros de Relaciones Exteriores de un grupo de países latinoamericanos donde expresan su preocupación por las triquiñuelas del Consejo Nacional Electoral de Venezuela para posponer lo más posible el referéndum revocatorio del mandato del presidente Maduro. Esas argucias, señalan los ministros, afectan el sentido de la consulta al pueblo venezolano.

Los ministros reiteraron “su apoyo y su disposición de contribuir para la realización de un diálogo entre el gobierno y distintos actores políticos y sociales venezolanos, que permitan, a través del entendimiento mutuo, promover la estabilidad política, la recuperación económica y el pleno respeto de los derechos humanos”. Todo muy compartible. Excepto para el presidente Maduro que se ha encastillado en una actitud opuesta a todo diálogo y compromiso que lleva a su país al abismo. Y esto toca nuestros intereses.

El documento fue firmado por tres miembros del Mercosur, Argentina, Brasil y Paraguay, y por Chile, México y Perú.

El Uruguay, lamentablemente, no quiso adherirse a la declaración.

Ello significa, entre otras cosas, aislarse otra vez de sus socios mercosurianos y, para empeorar las cosas, de tres de los principales países de la región. Toda una conquista.

¿Cuál ha sido, esta vez, el motivo de este nuevo traspié?

El ministro de Relaciones Exteriores habría afirmado que no podemos todos los meses hacer una declaración sobre Venezuela, y agregado: “No sé por qué el revocatorio podría solucionar los problemas económicos de Venezuela”.

La necesidad de una nueva declaración sobre lo que sucede en Venezuela es una consecuencia inevitable de las nuevas medidas y estratagemas que utiliza Maduro para eternizarse en el poder.

En cuanto a la relación entre referéndum y los problemas económicos de Venezuela, no parecería ser necesario explicar que el revocatorio es el único instrumento político constitucional para sacar del poder, en forma legítima, a un gobierno que, con sus desacertadas políticas económicas, ha fundido a Venezuela.

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