Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Depender de nosotros

Para el presidente Mujica, la política “insular” argentina perjudica a la integración y hace “añicos” el Mercosur. Hace unos meses, el ministro de Economía advirtió a los empresarios de la industria de alimentos envasados:
“Señores, olvídense de la Argentina para exportar”, debido a las medidas de restricción de las importaciones impuestas por el gobierno de ese país.
En la Comisión Permanente del Poder Legislativo, el ministro de Relaciones Exteriores declaró que la medida de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables argentina, que prohibe que embarques de exportaciones de ese país en tránsito hagan uso del puerto de Montevideo (pero que les permite utilizar los puertos brasileños), “es una agresión directa a los puertos uruguayos y que discrimina exclusivamente a los prestadores de servicios uruguayos, perjudicando además a los exportadores argentinos”.
El ministro de Economía dijo en radio El Espectador que el principal problema hoy es que “se ha perdido un poco la p

Para el presidente Mujica, la política “insular” argentina perjudica a la integración y hace “añicos” el Mercosur. Hace unos meses, el ministro de Economía advirtió a los empresarios de la industria de alimentos envasados:
“Señores, olvídense de la Argentina para exportar”, debido a las medidas de restricción de las importaciones impuestas por el gobierno de ese país.
En la Comisión Permanente del Poder Legislativo, el ministro de Relaciones Exteriores declaró que la medida de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables argentina, que prohibe que embarques de exportaciones de ese país en tránsito hagan uso del puerto de Montevideo (pero que les permite utilizar los puertos brasileños), “es una agresión directa a los puertos uruguayos y que discrimina exclusivamente a los prestadores de servicios uruguayos, perjudicando además a los exportadores argentinos”.
El ministro de Economía dijo en radio El Espectador que el principal problema hoy es que “se ha perdido un poco la previsibilidad y la estabilidad en las principales perspectivas de la economía argentina”.
Y agregó que estaba claro “que hay muchas decisiones, de importación, de hacer turismo, en fin, cosas que efectivamente en el corto plazo nos afectan, que están a la espera de que el oleaje en Argentina descanse en algún punto; no está claro en qué punto va a estabilizarse”.
Lamentablemente, hoy, lo que es un oleaje en Argentina puede producir un huracán en el Uruguay.
Esas declaraciones le valieron al ministro un bufido de un funcionario argentino, quien dijo que constituían una “inadmisible la intromisión sobre decisiones que tiene un país soberano como la Argentina”.
El ministro de Economía uruguayo prefirió bajar los decibeles y respondió que sus palabras solamente eran un análisis necesario “para la definición de nuestras políticas y de ninguna manera ninguna referencia ni esta ni a las personas ni a la intencionalidad de tener ningún tipo de injerencia” en los asuntos internos de la Argentina. Tiene razón.
Aunque cada país tiene el derecho soberano de fijar sus políticas, dentro del marco del Derecho Internacional y de los tratados aplicables, también es verdad que los demás países tienen, en el ejercicio de sus propias e idénticas soberanías, el derecho (y el deber) de evaluar las consecuencias que puedan aparejarles aquellas políticas y de tomar las medidas necesarias para atenuar sus consecuencias.
La experiencia obliga al gobierno a renunciar a sus mitos y aterrizar en la realidad del mundo tal cual es y no como les gustaría que fuese. En nuestra región, el ideal en el Tratado de Asunción de “nos integramos y todos ganamos”, ha sido reemplazada por la visión unilateralista, propia de décadas pasadas, de que “yo gano, tu pierdes”. Después de haber dado una vuelta muy larga, deberíamos retornar a la sabia idea artiguista de 1811: “nada podemos esperar sino de nosotros mismos”.
Volver al pasado no es una opción. En este mundo globalizado de hoy y para un país como el nuestro, la mejor opción económica y política es avanzar, abrirnos y diversificar lo más posible el comercio exterior de bienes y servicios.
La forma de no depender demasiado de un pequeño grupo de socios comerciales, poco confiables, como sucede ahora, es depender de todo el mundo.

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