Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Defensa nacional

Nos encontramos en vísperas de las elecciones. La combinación entre nerviosismo de estos momentos culminantes de una campaña electoral demasiado prolongada, el cansancio de los candidatos y la necesidad de decir algo, es explosiva.

Todos saben que es imposible resumir en unos segundos, problemas complejos que requieren una evaluación cuidadosa y equilibrada. A pesar de ello, los medios de prensa exigen mensajes breves, las soundbites (frases breves y fáciles de recordar ideales para un medio como la televisión). Como suele suceder, una frase que toma cinco minutos en salir al éter, causa problemas que pueden durar meses.

Un ejemplo de esos patinazos son las poco felices palabras del ex presidente Mujica sobre los militares (“carne con ojos con uniforme”). Otro ejemplo, en una escala muy diferente, es lo que dijo Gabriela Fulco, directora de (INISA), sobre la introducción del servicio militar obligatorio. A lo que podemos agregar nuevas declaraciones de Mujica quien sostuvo que, aunque no estaba de acuerdo con la directora del INISA, una medida de ese tipo bien podría resultar una estrategia “interesante” para los jóvenes con problemas de drogas.

La directora del INISA propuso, informó El País, que “haya un servicio (militar) de un año por lo menos, diez, once meses, a partir de los 18 años”. Esta medida serviría como un instrumento “de inclusión en la sociedad importante para todas las capas de la sociedad a esa edad” y podría ayudar a bajar la delincuencia.

Sospechamos que la propuesta de Fulco, que aclaró era estrictamente personal, refleja una opinión bastante extendida en nuestra sociedad.

También es un punto de vista arcaico sobre el rol y la naturaleza de las fuerzas armadas que puede ser criticado desde diferentes puntos de vista. La primer pregunta es si el servicio militar que se propone puede realizar un aporte útil a la defensa nacional. La respuesta es no. Más bien tendría el efecto opuesto.

Pero, lo que más choca es el fondo del asunto.

Por una parte, Mujica insulta a los miembros de las fuerzas armadas, por la otra propone someter al servicio militar o a algo parecido a jóvenes con problemas de drogas. Aunque el consumo de drogas es una enfermedad en sí misma, también es un síntoma, una consecuencia, de problemas familiares, sociales y sicológicos muy profundos que tomaron años en cristalizarse. No es realista, ni humano, pretender que el servicio militar o un régimen similar sean el medio idóneo para reparar tanto daño. En realidad, el estado físico y sicológico de esos jóvenes los hace inelegibles para el servicio militar.

La idea de que un año de “colimba” pueda realizar un aporte significativo a la inclusión social “para todas las capas de la sociedad a esa edad” o combatir la delincuencia, tampoco tiene mucho fundamento.

El servicio militar no puede aportar lo que no han construido una vida en la familia y catorce años de enseñanza. No es razonable exigir que las fuerzas armadas asuman un papel sanitario, en el caso de la propuesta manejada por Mujica, con el fin de reparar el daño físico y moral causado por droga.

Tampoco es razonable asignarles un rol de “inclusión social”, como pretende Fulco, para aligerar el lastre de una sociedad dividida y un sistema de enseñanza de mala calidad.

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