Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

¿Cambio de rumbo?

En las últimas semanas se han producido varios hechos que (seamos optimistas) podrían indicar un cambio de rumbo auspicioso en las relaciones dentro del Mercosur y entre éste acuerdo regional y el resto del mundo.

En las últimas semanas se han producido varios hechos que (seamos optimistas) podrían indicar un cambio de rumbo auspicioso en las relaciones dentro del Mercosur y entre éste acuerdo regional y el resto del mundo.

Uno de esos desarrollos es el renovado énfasis en la protección de los derechos humanos por encima de las aparentes afinidades ideológicas entre los gobiernos de la región.

El Comunicado Conjunto de la Presidente y los Presidentes de los Estados Partes del Mercosur aprobado en Asunción, el 21 de diciembre, puso especial énfasis en la “consolidación de la democracia, plena vigencia de las instituciones democráticas y el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales”. El comunicado dice que esos elementos son “condiciones esenciales para la vigencia y evolución del proceso de integración”.

No es una idea nueva.

El mismo principio se encuentra en el Protocolo de Ushuaia aprobado en 1998. Pero es significativo que se haya considerado necesario reiterar esa idea en momentos en que Venezuela lucha por rescatar su democracia. A ello se suma otro hecho de importancia fundamental: el presidente argentino abogó en la reunión en Asunción, en forma clara y directa, por la plena vigencia de los derechos humanos en aquel país. Algo que los “progresistas”, haciendo gala de una gran capacidad para la hipocresía, han evitado hacer.

El segundo desarrollo es que, finalmente, parece haberse cristalizado en la agenda política mercosuriana la idea de que es necesario abrir el bloque regional a los amplios mercados globales.

Esa apertura se hace cada vez más importante porque necesitamos exportar y el mundo avanza decididamente hacia la formulación de acuerdos comerciales multilaterales que abarcan grupos importantes de países ubicados en diferentes regiones del planeta y que son exportadores e importadores de productos como los que produce nuestro país.

Ahora el ministro de Relaciones Exteriores Nin Novoa advierte que es complicada la situación para nuestros exportadores. “No en el cortísimo plazo” -dijo- “pero en dos años cuando estén funcionando todos los acuerdos va a ser difícil”. Esos acuerdos incluyen Acuerdo Trans-Pacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership - TPP), muy avanzado, y la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (en inglés Transatlantic Trade and Investment Partnership - TTIP) entre los Estados Unidos y la Unión Europea. A lo que deberían sumarse los acuerdos bilaterales de comercio suscritos con China por nuestros competidores Australia y Nueva Zelanda.

La experiencia ha demostrado la sabiduría de la política chilena de construir una red de acuerdos. Chile tiene acuerdos de libre comercio con más de dieciséis países y forma parte del proceso del TTP.

Por ese motivo es tan alentadora la nueva política exterior anunciada por la Canciller argentina quien anunció que “habrá que hablar de las relaciones exteriores como políticas de Estado, desideologizando lo que se hace”. O, como dijo con absoluta claridad hace años el líder chino Deng Xiaoping: “no importa si el gato es blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”.

El miedo al mundo exterior y los abundantes discursos ideologizados no nos ayudarán a exportar ni un gramo de productos lácteos o de carne. O de nada.

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