Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

El Apostadero

El debate producido por la instalación de bancos y maceteros metálicos en la Plaza Zabala ha tenido el efecto positivo de arrojar luz sobre los costos directo e indirectos del proyecto.

Se trataría de una inversión de unos 442.438 dólares, a lo que deberían sumarse los recursos invertidos en los procedimientos administrativos, opiniones técnicas, proyectos e ainda mais. Todo lo cual se habría cristalizado en un expediente que tiene más de 100.000 folios con planos y detalles ejecutivos. Si esto fue lo invertido en unos asientos y maceteros imaginen la cantidad de papel devorada por la burocracia municipal para generar, por ejemplo, el proyecto del Corredor Garzón.

Es una obra innecesaria y contraproducente. Por si no lo saben, la Plaza Zabala ya tiene asientos, caminos, plantas, rejas y una bonita estatua de Don Bruno Mauricio. Todo en armonía con su entorno.

Basta caminar unas pocas cuadras para encontrar monumentos históricos que necesitan desesperadamente recursos para mantenimiento, conservación y funcionamiento. Para mencionar un ejemplo entre ellos, que clama por atención urgente: el Apostadero Naval.

El “Antiguo Barracón de Marina - Apostadero Naval Español y Aduana Vieja” fue declarado monumento histórico en julio de 1984. La intención original fue combinar estos edificios (en realidad son dos, el Apostadero y la atarazana) en una unidad conceptual junto con otros dos edificios próximos: la Casa de Ximénez y las Bóvedas. El propósito era subrayar el destino de San Felipe y Santiago de Montevideo como Plaza Fuerte y Puerto de Mar.

La historia del Apostadero y la atarazana tiene sus momentos brillantes. Cuando fue la sede de la autoridad naval española y sus competencias se extendían por todo el Atlántico sur, y también algunas muy oscuras.

Su origen se remonta a la década de 1770.

Como parte de los preparativos para recibir a la expedición militar al mando de Pedro de Cevallos se construyeron varios edificios en las dos manzanas que entonces estaban unidas entre sí, delimitadas por las calles de San Miguel (actualmente Piedras), San Fernando (Zabala), San Benito (Colón) y las fortificaciones de la costa norte de la península (aproximadamente la acera sur de la actual Rambla 25 de Agosto de 1825).

En un plano de Montevideo de 1785 se aprecian los depósitos y almacenes dispuestos en torno de un patio central, la atarazana y el Apostadero. Dos años después, el presbítero Pérez Castellano escribió: “En esta ciudad tiene la Marina un Almacén, que está cercado cien varas en cuadro de un muro alto de cal y piedra a la orilla del puerto y al lado de San Francisco. En el almacén se guardan jarcias, velas, mástiles y otros utensilios de respeto y del uso de las embarcaciones. A la calle tiene viviendas altas y bajas para los oficiales que están al cuidado del almacén, y para el cuerpo de guardia que está a la puerta.”Hoy, los dos edificios están abandonados. Ahogados por un estacionamiento. La atarazana (uno de los edificios más antiguos de nuestro país) está en peligro de derrumbarse por falta de mantenimiento.

El lugar es un basurero.

Por un lado, se derrochan recursos, por el otro se abandonan monumentos históricos que se vienen abajo por el descuido y, ese gran mal uruguayo, el desamor por nuestro pasado.

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