Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

¿Otra vez lo mismo?

Estamos entrando en la campaña para las elecciones internas. El militante del Partido Nacional las ve aproximarse con más aprensión que regocijo. Aunque trata de resistirse los hechos de la semana que pasó le traen a la mente oscuros recuerdos de anteriores internas y se pregunta incrédulo: ¿otra vez lo mismo?

El modesto y sacrificado militante del Partido Nacional, que ama y admira a su viejo Partido, que quiere que este gane las próximas elecciones, como lo ha querido siempre, pero ahora más que nunca porque lo ve como una necesidad nacional, se dispone a trabajar por su candidato, por ahora precandidato, para las internas que ya arrancaron. Él quiere que el Partido Nacional sea primero en Noviembre frente a los otros contendientes, quiere que llegue a la final sin hacerse daño a sí mismo en el proceso y que quien finalmente resulte elegido como candidato único en las internas sea elegido luego por la mayoría de los uruguayos co-mo Presidente de todos.

Pero el modesto y sacrificado militante del Partido Nacional, siempre dispuesto al sacrificio y al trabajo arduo para la lucha del Partido con los otros Partidos, no puede evitar, atento a lo que está viendo, que le vuelva a rondar el magín y a morderle el alma una pregunta, la vieja y eterna pregunta: ¿será otra vez lo mismo? Él tiene muy presente la desazón de campañas internas pasadas en las que su generosa entrega partidaria y la de otros militantes compañeros terminó adulterada, estropeada, revolcada en ironías, improperios y maniobras entre compañeros de Partido que se habían presentado como precandidatos.

El sacrificado y modesto militante no entiende. No entendió antes y no entiende ahora; busca explicaciones para lo que él, modestamente, considera inexplicable. Le viene a la mente lo poco que sabe del darwinismo que habla del lentísimo proceso de evolución de las especies. En este Partido, de ciento ochenta años, que se formó en las revoluciones cuando había que defender el sufragio a punta de lanza, ¿será que se conserva todavía activo algún gen que hace que los blancos, en cuanto oyen hablar de elecciones, desentierren las lanzas y las pongan en uso contra el primero que se cruce, aunque sea del propio Partido? ¿Asimilar la lógica de dos turnos electorales llevará tantos años?

El generoso y sacrificado militante no termina de entender que lo que para él es tan simple y claro le resulte no solo difícil de entender sino directamente imposible a algunos dirigentes de su Partido, el Partido Nacional. ¡Que haya dirigentes que, con el propósito de señalar diferencias internas normales se entreguen a descalificar personalmente a sus competidores partidarios! ¡Que si le da vergüenza ajena, que si se portan como chiquilines, que si esto o lo otro! El militante, generoso y sacrificado como dijimos, tiene presente los datos elementales de la situación que enfrenta y la lógica que los comanda. Sabe que se trata de unas internas, es decir, una contienda entre blancos y, por consiguiente, no le pueden pedir a él que se entusiasme y que apoye a quien en vez de dedicarse a construir en una tarea común se dedica a zaherir a los compañeros que están en la misma tarea.

Con todo esto dándole vueltas en la cabeza el generoso y sacrificado militante se dispone a trabajar en las internas tratando de apartar de su ánimo el fantasma de la vieja pregunta: ¿volverá a ser lo mismo esta vez?

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