Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Tragedia en tres actos

La vida -o si usted prefiere, el destino- da sus cartas de forma insondable.

La vida -o si usted prefiere, el destino- da sus cartas de forma insondable.

Hace dos semanas el Frente Amplio invitaba a un acto para conmemorar los cien años del nacimiento del Gral. Seregni, fundador del Frente y figura emblemática de esa corriente política durante mucho tiempo. Unos días antes habían estallado, como dos bombas de fragmentación, sendas y recíprocas cartas de Mujica y Astori, cada uno echándole la culpa al otro por el vergonzoso desastre de Ancap.

La celebración de los cien años que cumpliría Seregni muestra lo que ha venido a ser hoy la corriente política de la cual él fue fundador y emblema. El General sentiría una enorme incomodidad en asistir a una celebración como la mencionada, y tener que sentarse en la misma primera fila al lado de Astori y Mujica.

El Frente Amplio de hoy no es el Frente de Seregni. Aquel fue una creación ingeniosa y útil en su momento; el fastidio que genera hoy no ensombrece sus orígenes. El sistema político de nuestro país necesita una izquierda lúcida, bien formada y responsable, que sirva de domicilio político a los uruguayos atraídos por ese tipo de ideas. Todo sistema político madura en la diversidad y se equilibra a sí mismo en el entrechocar dialéctico de posiciones diferentes.

La izquierda uruguaya pre Frente Amplio era electoralmente insignificante, libresca, y dependiente de afuera. Al integrarse como Frente Amplio pasó a tener peso, lo cual es un requisito para tener responsabilidad.

Seregni cuidó celosamente de ese instrumento político hasta que un día, una destacada figura de su entorno -el Dr. T. Vázquez- lo hizo pelota, lo tiró a la papelera y ocupó su lugar. En los escenarios políticos no suele destacarse la misericordia.

La izquierda que Seregni dirigía a su imagen pasó a ser otra izquierda; ganó poder y ganó elecciones. No ganó porque cambió, sino que cambió por haber ganado. Ganó con facilidad las elecciones después de la tremenda crisis del 2001-2002, y gobernó con más facilidad aún por la bonanza de los precios internacionales. Habiendo ganado de forma tan resonante, el Frente Amplio se transformó en el poder y en la hegemonía. Se dejó llevar por el triunfo, aflojó el cuerpo, y permitió que la buena fortuna lo animara a creerse imprescindible e imperecedero.

Ha comenzado el tercer acto y el gobierno del Frente está absorbido (y absorto) por los desaguisados heredados de sí mismo y por una estrechez económica a la que llega mal preparado y hasta sorprendido, con ese desconcierto de quien creía saberlas todas y comprueba que no tiene temple ni fuerza para nada.

La vida del Frente Amplio de hoy, a diferencia del Frente Amplio de Seregni, lo que atrae su pasión, lo que consume sus energías políticas, lo que fogonea sus intrigas, no apunta a la transformación del Uruguay sino al propio Frente Amplio; es la lucha in extremis de distintos grupos y actores por la posesión y el control de una poderosa maquinaria clientelística de la cual depende lo que más los atormenta a todos: su continuidad.

El año 2015 termina en un generalizado desconcierto del tercer gobierno del Frente Amplio. Quedan por delante cuatro años más. Más que los augurios de dicha y prosperidad que en estas fechas suelen intercambiarse, los uruguayos están intercambiando precauciones. Atenti al año que viene.

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