Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Serenidad y equilibrio

Toda la atención del país está actualmente acaparada por el coronavirus. La atención del mundo entero lo está. Ese extremo se explica no tanto por la gravedad de la infección -ha habido epidemias peores- sino porque de esta se sabe poco y lo desconocido produce pánico, desestabiliza.

No se sabe bien cómo se originó la epidemia, se especula sobre su desarrollo, su duración: se tejen conjeturas de todo tipo, muchas sin fundamento. ¿Por qué tiene un desarrollo explosivo en Italia y no en Croacia que está enfrente? Dicen que es porque en Italia el sistema sanitario había sido abandonado por el gobierno; si fuese así el foco del mal estaría en la Italia del Sur, napolitana, pobre y gritona y no en el Norte, en Lombardía, donde son casi suizos.

Lo desconocido produce pánico y produce también macaneo; cuando se sabe poco se inventa mucho y se tiende a dar crédito a cualquier disparate. Las redes sociales -y aún algún periodista serio- rebosan de información perecedera y sin sustento: en tal país, no sé qué médico recomienda tal cosa o tengo un pariente en tal lado que oyó que… El Sindicato Médico ha querido ponerse como referencia médico-científica y exige cuarentena. El S.M.U. es una organización sindical, cuya única competencia está en los asuntos gremiales (salarios, condiciones de trabajo, etc.) y en lo médico-científico tiene tanta autoridad como el Sunca o el Sindicato de la Aguja. Otra cosa sería la Facultad de Medicina o el Colegio Médico.

Lo desconocido es generalmente tomado como amenaza y, por tanto, produce reacciones defensivas: cuanto más reacciones menos reflexivas serán. Aquellos que pocos meses atrás pronunciaban discursos y pintaban muros contra la reforma constitucional que impulsaba Larrañaga lo hacían porque la delincuencia no había amenazado sus seguridades: ahora claman desesperados por una medida radical que saque de la calle a cualquier precio a los posibles infectados que los amenazan. Se dio vuelta patas arriba el discurso contra la mano dura. En situaciones así también aparecen los que se quieren lucir y pretenden ser más papistas que el Papa: exigen las medidas extremas para mostrarle al resto que ellos no se quedan en medias tintas, que son moralmente mejores.

El gobierno, con solo tres semanas al mando, ha asumido el desafío con serenidad y sensatez. Advierte -y en sus actos de gobierno transmite- que esta crisis tiene un origen sanitario pero es más que eso y, por consiguiente, se han de tomar medidas que contemplen no solo las amenazas para la salud sino las enormes amenazas para la economía y para la convivencia. El gobierno ha demostrado no haber caído en una resignación de fondo que subyace en muchas exigencias y reclamos: la resignación a que cuando las cosas se ponen difíciles no hay más remedio que recurrir a la imposición. El gobierno está tratando a los uruguayos como adultos racionales y por eso actúa y explica cada día cuales son las amenazas que se ciernen y cuales los bienes sociales que se busca proteger: no solo es transparente sino que, además, es didáctico; no piensa solo en el hoy sino en el mañana, al cual hay que llegar con un país funcionando, animoso, solidario y equilibrado.

De los microbios que buscan rédito político en esta crisis no vale la pena hablar: no merecen ni siquiera la puteada que les cabe.

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