Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Saludá si te parece

El Frente Amplio es un actor político importante en el Uruguay; en los últimos tiempos llegó a convertirse en hegemónico. No solo ganó tres elecciones al hilo sino que ha podido instalarse como el principal generador de sentido común social.

Además creó un régimen, en el sentido de que copó la Universidad, la cultura, la dirigencia sindical, varias Intendencias Departamentales (especialmente Montevideo) y colonizó la administración pública, metiendo a su gente en todos los escalones de gobierno. Ese gigante en el transcurso de poco tiempo se emborrachó de sí mismo y luego, con inusitada rapidez entró en su cuarto menguante.

La primera vez que escribí sobre el ocaso del Frente Amplio fue allá por principios del año 2016.

El nivel de aprobación de un gobierno está generalmente ligado a la marcha de la economía. Como el Frente Amplio adquirió tanta influencia y poder sobre la sociedad uruguaya creyó, durante unos años, que el colosal incremento de riqueza que se estaba produciendo en el país en paralelo con su acceso al gobierno y su ocupación del aparato estatal era producto directo y exclusivo de su gestión y de su influencia. Cuando los precios de las commodities bajaron y la bonanza externa se secó, se acabó también aquel tiempo económicamente holgado en el que se podía comprar cualquier cosa, bancar cualquier gasto y había conspicuos industriales y estancieros que concurrían asiduamente al quincho de Varela a festejar sus balances y las ocurrencias del Pepe.

No es que el Frente Amplio haya hecho todo mal, tal como repreguntan algunos periodistas que se molestan cuando uno señala las fallas del gobierno. Lo que pasa es que, emulando aquello de García Márquez y los Generales del proceso, aquí también hubo unos cuantos que se creyeron su propio cuento. Manejar la bonanza y repartir cuando la soja está a 600 dólares es una papa. Tiene el inconvenien- te de que te hace creer un genio y te inhabilita absolutamente para manejarte cuan- do el viento se da vuelta. Eso es lo que le ha pasado al Frente Amplio.

Hay una hermosa letra de tango que habla de un tipo a quien las cosas le rodaron excepcionalmente bien. “Echaste buena” se llama el tango. A raíz de ese golpe de fortuna el tipo derrochó a diestra y siniestra (“en las garufas corridas tirás papeles de a cien”) y pasó a mirar al prójimo por encima del hombro y a creerse un campeón (“¿Dónde vas con tu presencia? Saludá si te parece cuando pasés por mi lao”).

El Frente no solo tiró papeles de a cien, quiso hacer todo él (gobernar en absolutismo mayoritario) sino que, además, dejó de saludar. Y eso ha enojado a mucha gente. A gente que valora el saludo (el buen trato, el respeto, la convivencia civilizada) y también a gen- te que comió de la abundan-cia que repartían como si fuesen sus autores y ahora no come más.

Estas elecciones que vienen son la instancia en la cual el Uruguay se está poniendo a considerar qué partido político y qué candidato son los más preparados para la doble tarea que el Uruguay tiene por delante: pagar las deudas que nos dejan en herencia y encabezar un gobierno que salude, es decir que restablezca los modales: el respeto a la Constitución y la ley, la vuelta a los valores republicanos y la cortesía que, en política, se llama tolerancia.

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