Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Rumbo y tarea

En Durazno el 23 de enero sucedió algo muy grande; personalmente creo que fue el hecho político más significativo de los últimos años.

Algunos no se han dado cuenta todavía, otros no lo quieren ver: el hecho es que ha abierto posibilidades que antes estaban cerradas. Como en todos los casos, los hinchas lo encontraron enorme y los contras insignificante. Quizás no sea posible una estimación ecuánime, pero ayudará en el propósito de calibrar su entidad ver la respuesta del Frente Amplio, es decir, de los contras.

Primero fue el ninguneo: Vázquez mandó decir por el secretario que quizás les diera audiencia el mes que viene. Al poco le abrieron los ojos y bajó él mismo al día siguiente a abrirles la puerta. Nadie se traga sus palabras tan públicamente y con tanta presteza si no es porque se ha dado cuenta que la cosa es grande y va en serio. Lo que se puso a la luz en Durazno no fue solo mucha gente; se puso a la vista algo que hasta ese momento circulaba por debajo de la superficie de esta sociedad. Era y es un reclamo del campo, pero es mucho más que eso. También en ese aspecto la dimensión está señalada por la reacción del Frente Amplio: nadie se juega todos los boletos a un contraacto en Piriápolis si piensa que el asunto quedaba en una queja de estancieros barrigones y quejumbrosos como siempre. Lo importante ahora para los que estamos convencidos de la trascendencia de lo de Durazno es ver cómo sigue. Los autoconvocados tienen que pensar sus próximos pasos y los partidos políticos tienen que pensar los suyos: no siendo opuestos con los que apreciamos la importancia del asunto, no son, con todo, los mismos. De los pasos de los Partidos me ocuparé en la próxima nota.

Los autoconvocados tienen que mantener lo que implica la denominación que eligieron, el nombre que se dieron (también en eso fue acertada su intuición: las palabras mandan). No los llamó nadie, no hubo acarreo; no deben aceptar itinerarios sugeridos por otros, tienen que plantear una negociación rechazando invitaciones al diálogo (el diálogo es un manido fetiche que el Uruguay procrastinador adora y cultiva para que nada se mueva mucho).

Y tienen que organizarse para conseguir arrancar de este gobierno lo que se pueda: gasoil sin impuestos, electricidad al costo de generación, eliminación de los impuestos ciegos. Nada de eso será obtenido si no es con presión. Ello es así por dos razones. Una: este gobierno despilfarró la bonanza de los años buenos (lo que el descarado Mujica acusa que hicieron los productores) y ahora le queda poquísimo resto. Pero, segundo, será todo a fórceps porque va contra la concepción político-ideológica estatista, clientelar y colectivista que tienen en la cabeza los dirigentes del Frente Amplio, que es el programa de su gobierno y su proyecto de país (y que contó con respaldo de unos y condescendencia de otros; pero la condescendencia se acabó). Los cambios de política solo se pueden esperar de los cambios de gobierno.

Los autoconvocados tienen que reconocer que en Durazno expresaron una protesta por la situación circunstancial del agro, pero fueron vehículo de otra protesta más general sobre el estado actual del país; un claro no va más en la consciencia nacional que trasciende los problemas del agro. La tarea de los partidos ante ese hecho político será objeto de otro artículo.

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