Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

La rotación de los partidos

El verano aquieta el ritmo de la actividad política. Al no estar obligados a enfrentar o responder al fragor de los avatares diarios que se suceden y se empujan unos a otros, se abre la oportunidad de reflexionar sobre panoramas más amplios y dilatados de la política.

Es casi un lugar común en nuestro país la afirmación respecto a que la rotación de los partidos en el gobierno es algo bueno y, además, necesario para que se pueda hablar de democracia. Todo el mundo concuerda hasta que alguien menciona a Cuba: en ese instante por lo menos la mitad de la concurrencia empieza a tartamudear.

En realidad solo hay democracia cuando los que no están en el gobierno tienen chances reales de llegar a él. Para ser más explícito: hay democracia cuando el gobierno puede perder las elecciones.

Las condiciones políticas generales del Uruguay hicieron que, en los últimos diez o doce años fuera muy difícil que el gobierno cambiara de manos. Teóricamente era factible pero en la ecuación real de fuerzas no lo era. Luego se empezaron a abrir oportunidades para que eso, la rotación de partidos en el gobierno, suceda. Las condiciones están; ahora, falta aprovecharlas.

La flaqueza del poderoso de otrora no alcanza por sí sola: hace falta el empuje del que viene para que el cambio pase de ser una oportunidad a ser una realidad. La rotación no se produce sola, como una especie de otoño, siempre previsible, en que las hojas pierden el verde, se desprenden solas y caen. Por más asténico y asfixiado en sus propios nudos que el Frente Amplio se encuentre ahora, hace falta un empujón. Las agonías pueden prolongarse mucho.

Algunos compatriotas han llegado a la conclusión que la degradación actual abarca no solo al partido de gobierno, el Frente Amplio, sino a todo el elenco político, es decir, también al Partido Nacional, al Partido Colorado, el Partido Independiente y a todos. Consecuentes con esa visión negativa y desesperanzada han desplazado sus esperanzas de rotación de partidos a una solución por fuera del sistema existente, es decir, a través de un outsider. Así nació Novick, (primero él solo, sin partido, y luego creando su Partido que se llama Partido de la Gente).

Quienes pusieron su esperanza de rotación en el outsider (que, en el caso, era más bien deseo puro de desplazar al Frente Amplio y después vemos) se dan ánimo a sí mismos con ejemplos de otras tierras. El más cercano es Macron, en Francia. Los que habían surgido antes ya no les sirven: Podemos en España se marchitó pronto y Beppe Grillo en Italia se ha desplazado de la política al show business.

En nuestro país están dadas hoy las condiciones para una rotación de partidos en el gobierno. La astenia del Frente Amplio es por demás notoria: la he descrito en varios artículos como una fase de menguante político, un ocaso de la vitalidad que le dio victorias rotundas y hegemonía. Quien está actualmente en condiciones de retador con chances reales de ganar no es la oposición (concepto abstracto, a lo más, aritmético): es el Partido Nacional. Sus chances de ganar están a la vista, su propuesta como alternativa se tendrá que ir manifestando rápidamente. Sobre eso me explayaré en futuras notas.

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