Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El relato identificador

La historia es el registro de las cosas que pasan. O de las cosas que registra el que escribe la historia. La memoria -colectiva o individual- contiene el relato que un pueblo o una persona hace para sí con los elementos de su historia.

La historia es el registro de las cosas que pasan. O de las cosas que registra el que escribe la historia. La memoria -colectiva o individual- contiene el relato que un pueblo o una persona hace para sí con los elementos de su historia.

El relato de la historia reciente de nuestro país está monopolizado por la izquierda. A partir del año 2005 el Frente Amplio conquistó, a la vez, el gobierno y un peso político y cultural suficiente como para hacer de su relato, el relato oficial o canónico del pasado inmediato de nuestro país. Algo parecido había sucedido antes durante los noventa años de gobiernos colorados. Resulta digno de análisis el lugar en que la izquierda se coloca a sí misma en el relato de ese pasado reciente. ¿Cómo se recuerda a sí misma la izquierda en ese período oscuro de la historia uruguaya? ¿Cuál es su ubicación en ese relato que ella comanda?

Una mirada a vuelo de pájaro sobre lo que la izquierda ha escrito y publicado respecto a los años de la dictadura nos muestra que los frentistas eligieron verse como víctimas. Cito al pasar entre otros muchos que recopilan recuerdos: El Hombre Numerado, Memorias del Calabozo, Las Cartas que no Llegaron, sin incursionar en otros más claros como La Derrota en la Mira. Lo que allí se subraya es el sufrimiento en las cárceles y cuarteles, lo duro que fue el exilio y la larga lista de vicisitudes y atropellos que efectivamente padecieron.

Al recordarse de ese modo se crean una identidad, eligen una identidad: fueron los que sufrieron, las víctimas. Hay algo como sacrificial, una apelación a una especie de mérito por el dolor que, a su vez, daría derechos especiales. Llama la atención que la izquierda no recoge en sus relatos ni guarda en su memoria nada de lo que fue su norte político y se propuso como tarea en aquel pasado.

Para los blancos, en cambio, el lugar elegido para sí mismos en la memoria de aquellos años es el lugar de la resistencia. La memoria de los blancos y el relato de aquellos años fluye espontáneamente hacia la farmacia del Cacho López Balestra, los homenajes a Saravia al pie del monumento, la circulación clandestina de los casetes que Wilson mandaba desde Londres, el Plebiscito del 80, el estallido de ACF, las contratapas de Murguía en La Democracia, las clausuras del semanario y las incansables reaperturas, el acto y la proclama del Obelisco, el del cine Cordón y un montón de episodios por el estilo. Todos tienen en común la resistencia y la rebeldía frente a la prepotencia. Esa memoria forma parte de la identidad: hay un nexo vivo con ella.

Las identidades que se elaboran y se sustancian a través de los recuerdos y los relatos tienen siempre una base en los hechos realmente sucedidos pero también son una opción, una elección conciente o inconciente de parte del individuo que recuerda o de la colectividad que rememora y se abraza a esos recuerdos.

No es simplemente una curiosidad académica detenerse a examinar las identidades que a sí mismo se dieron el Frente Amplio y el Partido Nacional en el pasado inmediato del quiebre institucional. Las identidades autoconferidas generan características perdurables. Los pueblos y las naciones se van acomodando a ser lo que ellos mismos han dicho de sí mismos. Las memorias colectivas no son inventos, tienen su base en experiencias vividas y en hechos consumados, pero los relatos que desde allí nacen son creaciones humanas que revelan mucho acerca de sus creadores. También confieren un sentido político.

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