Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El regreso a casa

La campaña electoral empezó interesante: ahora está irritante. A riesgo de que lo que voy a escribir se lo lleve el ruido, me voy a ocupar de lo que el historiador Fernand Braudel llamaba los trazos largos, indispensables para interpretar la historia.

Los dirigentes políticos de peso son los durables, aquellos que en la sucesión de cien batallas ganadas y perdidas han ido entendiendo primero y reproduciendo después los trazos permanentes del sentir nacional o de la identidad oriental. Esas líneas permanentes o formas básicas de ser son como corrientes de agua subterránea que a veces afloran y se ven y otras se hunden y desaparecen pero siempre están. Una de ellas, a la que se han referido importantes intérpretes del Uruguay (Real de Azúa, Rama, Pivel Devoto y otros) es la que, según el caso, es aludida como medianía, equilibrio, desaprobación de los extremos y otros sinónimos. Ese rasgo forma parte del Uruguay esencial.

En lo que es pertinente a la situación de hoy eso aparece y se muestra como un deseo-propósito de que sea restablecido un equilibrio político y volver a un país en el que no haya un ganador que tenga todo y los demás nada. Es evidente que, hace ya varios períodos de gobierno, el que ganó las elecciones -el Frente Amplio- tiene la suma del poder político y, además, toma como normal y justo que así sea. De una forma u otra, por diversos caminos, el uruguayo está percibiendo que esa concentración de poder está mal, que no solo es inconveniente en un plano teórico sino que le ha empezado a molestar personalmente.

La historia del Uruguay, mirada en los trazos largos como aconseja Braudel, nos muestra un país discutidor, peleador incluso, pero acuerdista. La historia política del Uruguay moderno es una historia de arreglos, de pactos y de coparticipación. Disposición política inteligente de la cual, entre otras cosas, derivó el respeto y el prestigio ganado por nuestro país en la región.

Ese sello de cultura política -que el Frente Amplio fundacional entendía- ha sido dejado de lado por el Frente en el gobierno. El Frente Amplio actual, bebiendo en otras fuentes, sin darse cuenta o concientemente, se siente como partido único, y actúa en consecuencia. Para él el escenario político no está formado por partidos diferentes recogiendo diversas visiones de país sino por un solo auténtico defensor del pueblo, la libertad y la justicia, frente a un hato de oportunistas sin legitimidad ética ni política. Lo dijo Graciela Villar en su primer discurso (antes de que le hicieran callar lo que cree y decir lo que no siente): el asunto es entre oligarquía y pueblo. Hay un dualismo radical, un solo camino, lo demás son engaños. Por lo tanto no hay acuerdo posible. Este Frente Amplio se ha incapacitado para cualquier coalición; se dejó tomar por una concepción “unanimista” y estigmatiza a sus propios miembros que no la comparten (Darío Pérez). Por ese motivo, entre otros, el Frente ha empezado a ser poco confiable para muchos uruguayos que reviven la aversión a que uno tenga todo (el gobierno, los medios oficiales, el aparato burocrático, la enseñanza, etc.). El sabio sentido uruguayo de la paridad (naides es más que naides) está buscando recuperar su lugar.

No hay ningún proyecto en esta campaña electoral, ninguna propuesta de futuro, más sustancial y transformadora para nuestro país, que el compromiso de un gobierno de coalición que plantea y reitera cada día el candidato del Partido Nacional.

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