Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

La referencia que importa

La epidemia del coronavirus ha afectado la vida nacional en varios niveles, uno de ellos es el nivel político.

Sobre el Partido Nacional ese impacto tuvo efectos inmediatos y decisivos: trastocó todos los planes y proyectos que el Partido había concebido y anunciado para incidir sobre la situación general del país y lo obligó, de un día para otro, a sustituir todos aquellos planes por otros completamente distintos diseñados para enfrentar la pandemia y sus consecuencias. El brutal cambio se hizo sin lamentaciones y sin vacilaciones. Histórico.

También al Frente Amplio el coronavirus le cambió todo. No pudo colocarse en la oposición frontal que había concebido en el escozor de su derrota electoral (recordar el primer comunicado convocando directamente a la resistencia). La epidemia lo descolocó y ahora oscila: no puede oponerse frontalmente al gobierno porque eso los apartaría de la opinión pública que aplaude y reconoce la gestión gubernamental. Pero tampoco puede acompañar sin reticencias la gestión gubernamental en la pandemia porque eso lo apartaría del núcleo duro de su sustento político que está monolíticamente en contra, pase lo que pase. El Frente no encuentra su lugar. Quizás abriga la esperanza de que cuando desaparezca la amenaza de la pandemia podrá encontrar una ubicación partidaria, hallar las coordenadas que le permitan consolidar su discurso político de confrontación con el Partido Nacional y la coalición de gobierno.

Esto me lleva a una reflexión general: una cosa es la lucha política y otra cosa es la competencia partidaria. Cuando los dirigentes partidarios buscan una ubicación en el tablero político tomando como exclusiva referencia la ubicación de los otros partidos y se identifican a sí mismos solo en función de eso, la política decae hacia la politiquería.

Ese mismo riesgo, creo yo, acecha a los otros partidos de la coalición de gobierno: buscar una identidad en función de su relación (proximidad-distancia) con el Partido Nacional o el Poder Ejecutivo. La única definición política válida y honorable para cualquier Partido -en el caso concreto para el Frente Amplio, para los partidos que integran la coalición y no menos para el Partido Nacional- es el discurso que marca una ubicación frente al Uruguay, un discurso cuyo destinatario es el Uruguay más que un contrapunto con otro Partido. El discurso político que merece seguir concitando atención y respeto de parte de la ciudadanía es el discurso referido al Uruguay y no el tiroteo de la cotidianidad partidaria.

La política -que supo ser una pasión nacional y cautivar a todo el mundo- ha perdido esa condición porque ha ido degenerando hacia un vocerío de acusaciones y respuestas entrecruzadas entre un Partido y el otro, cada uno referido al adversario y forjando su identidad en esas diferencias. Recobrará su necesario prestigio cuando el discurso político, todos los discursos políticos, estén dirigidos al Uruguay, sus problemas y sus posibilidades y las diferentes visiones que hay al respecto. La ventajita partidaria, el hacer pagar precios políticos al rival, toda la pequeña (y muchas veces sórdida) actividad interna de ese mundillo cada vez más reducido, interesa poco y a poca gente. La forma como se ha dado respuesta a la crisis del coronavirus ha dejado en claro la diferencia entre unos y otros, es decir, entre la política y la politiquería.

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