Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El próximo escalón

El domingo pasado se cumplió un paso fundamental en el proceso electoral establecido por el sistema vigente. Paso decisivo en lo atinente a la composición del Parlamento. Ahora se abre un breve espacio de tiempo para preparar el nuevo escalón, el que tendrá lugar a fines de mes para determinar la Presidencia de la República. Ante esta instancia, que se ha abierto a la consideración y decisión de todos los orientales, parece atinado hacer referencia a la lógica interna que articula el actual sistema electoral vigente.
La estructura o diseño del proceso electoral uruguayo contiene varios pasos. En los primeros escalones actúan y se involucran una multiplicidad de actores políticos (listas, sectores partidarios, sub-lemas, etc.). Luego, a cierta altura del proceso, quedan solo dos actores, y entre ellos dos se dirime el último paso electoral, que es, nada menos que elegir Presidente de la República. He ahí lo que he denominado la lógica binaria del sistema.
La multiplicidad de acto

El domingo pasado se cumplió un paso fundamental en el proceso electoral establecido por el sistema vigente. Paso decisivo en lo atinente a la composición del Parlamento. Ahora se abre un breve espacio de tiempo para preparar el nuevo escalón, el que tendrá lugar a fines de mes para determinar la Presidencia de la República. Ante esta instancia, que se ha abierto a la consideración y decisión de todos los orientales, parece atinado hacer referencia a la lógica interna que articula el actual sistema electoral vigente.
La estructura o diseño del proceso electoral uruguayo contiene varios pasos. En los primeros escalones actúan y se involucran una multiplicidad de actores políticos (listas, sectores partidarios, sub-lemas, etc.). Luego, a cierta altura del proceso, quedan solo dos actores, y entre ellos dos se dirime el último paso electoral, que es, nada menos que elegir Presidente de la República. He ahí lo que he denominado la lógica binaria del sistema.
La multiplicidad de actores políticos que actúan en las primeras etapas y se han movido en ellas con mayor o menor peso o influencia, se tienen que acomodar, llegado este momento del proceso, en los dos únicos espacios disponibles. Más allá de nombres propios, antecedentes, tradiciones o referencias a la coyuntura, uno de los casilleros será ocupado por el ganador de la primera vuelta electoral y el otro es el espacio que queda para todos los demás.
Esto es lo que está determinado por el actual sistema electoral. Puede gustar o no. Personalmente lamenté, en su momento, el abandono de la ley de lemas y doble voto simultáneo. Pero lo que actualmente está vigente es esto: al final de la competencia quedan solo dos actores.
Las críticas que habitualmente recibe este sistema vigente no son, a mi entender, las que verdaderamente merece. Impugnan lo que no existe. Critican una supuesta fusión obligatoria de partidos que no es tal. El sistema no plantea ni obliga a confusión de partidos ni abandono de tradiciones o perfiles partidarios. Se trata de una cuestión puramente aritmética y electoral.
El sistema electoral vigente, excluyendo el caso excepcional (aunque se haya dado) de un triunfo en primera vuelta, culmina en un ballotage que es, matemáticamente hablando, un cotejo entre dos. Sea cual fuere la cantidad de partidos, listas o actores políticos de cualquier nivel que hay en el país y que hayan intervenido en los escalones precedentes del proceso electoral, el último paso, el último escalón, se dirime entre dos y nada más que dos: el que salió primero en la primera vuelta, por un lado, y por el otro todos los demás. El sistema propicia entendimientos, no mezclas. Las identidades se mantienen pero ciertas rivalidades políticas ataviadas con trajes de época dejarán de usarse.
Siendo, pues, esa la lógica del sistema, lo razonable y sensato será actuar inteligentemente de modo de poder, dentro de esa lógica, alcanzar el porcentaje o la cuota parte posible de los propósitos que cada uno alienta en orden a la prosperidad y felicidad de la Republica. Una vez que esto quede claro en la cabeza (y en los hábitos) del elector, será cada vez más sencillo discernir lo que hay que hacer y lo que se debe evitar.
Esta situación no es hoy una novedad: ya se ha planteado en ocasiones pasadas y en ellas el Partido Nacional supo claramente cómo comportarse. Es de desear que todos los partidos tengan la misma claridad para moverse de forma inteligente dentro de la lógica actual de nuestro sistema electoral.

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